PERDIENDO LOS PAPELES

Tiene el periodismo de investigación triunfos y pecados. Dualidades, sombras y luces, como todo lo que es delicado y hermoso. Hay que insistir en que este género periodístico de alcoba lo es, aunque nunca se sepa con certeza qué límites estás cruzando: tambalear los cimientos de un gobierno o dar entretenimiento al chismorreo hispánico. No debe de ser fácil, digo yo, acertar en la colisión de intereses, en la fina balanza que sopesa privacidad e interés público. Y muchas veces se acierta, pero otras, a mi pesar, lector de periódicos, no tanto. Y ese me temo que es el resultado de nuestra historia, la historia de la que se habla en medios y rellanos: Papeles de Panamá.

Vendieron la exclusiva –creación de offshore por personajes públicos- a precio de morbo, de enigma, y el asunto quedo en que los que tienen posibles se llevan su montante al paraíso, que este infierno para escépticos, lleno de retenciones y de tasas, no hay dios que lo aguante. Las novedades son los nombres, el poner cara a esos harenes del paraíso. Se podría entrar en el debate, como ya todos hemos entrado, de si es moralmente aceptable que esos nombres se lleven su dinero para evitar el coste del Estado del Bienestar; pero no es lícito llamar delincuente a quien no tiene más culpa que ser rico y administrar su capital como cree conveniente. Otra cosa es evadir impuestos o financiar a los miserables del terrorismo.

Este periodismo de investigación necesitaría, quizá, explicar tanto como se enseña y se nombra. Para enseñar y dar nombres sin explicar nada ya tenemos el erotismo. Porque hay una diferencia enorme entre husmear en la trascendencia, hurgar en faldas ajenas o preparar el próximo guion de una novela de Javier Sierra. En la primera se gana, en la segunda se goza y en la tercera se pierden. Se pierden los papeles.*

*Publicado en El Subjetivo de The Objective el pasado mes de abril.

ROMANCE-TRIBUTO AL PERIODISMO LOCAL

Pues no seremos nosotros

ni la tinta de estas letras

los que demos soluciones

al porqué de este problema.

No busquen varitas mágicas

al hueco de mi chaqueta.

No tengo trucos ni nada

prodigioso en la cabeza,

no sé qué final aguarda

ni qué tiempos nos esperan.

Por no tener yo no tengo

ni muy claras las ideas.

Sólo traigo estas palabras

que ruedan sobre una mesa

cada martes en la radio,

en COPE, para más señas.

Sólo palabras. Minúsculas,

diminutas y pequeñas;

insignificantes, pobres,

delicadas, pasajeras.

Mas lo único que nos une,

y lo único que nos lleva

de la mano en este oficio

que se sabe a puño y tecla.

Con ellas, con las palabras,

que la unión hace la fuerza,

os fabrico este tributo,

este elogio y reverencia.

 

Cuántos quieren funerales,

cuántos brindan las exequias,

esos que abrieron portadas:

los golfos y sinvergüenzas

que en otros años felices,

que en otros meses, otra época,

en que todo era derroche,

en la que todo era fiesta,

robaban ante los ojos

de los que ahora protestan,

los que se ponen medallas

de honradez y de decencia,

los regeneracionistas

del a ver si así me cuelan

en el gabinete de turno,

cerca de la presidenta.

Cuando todo fue silencio,

la callada por respuesta,

y el sabes qué es de lo mío,

del interés, conveniencia,

estaba vuestro trabajo

vuestras horas y paciencias,

investigando, siguiendo,

golpe a golpe, corruptelas.

Que nadie se olvide de esto…

Si es que alguno lo recuerda.

 

El periodismo local,

milagro, vocación, épica,

un trocito de papel

hundido de letra negra

y que tanto se parece

a lo que llaman belleza.

Plenos, cultura, sucesos,

verdades y confidencias,

el levantar, con sigilo,

sin suscitar la sospecha,

lo que próximo te esconden

y nadie quiere que veas;

ofrecer las libertades

para saciar tu conciencia

de crítica y pensamiento,

dos caras de una moneda

que nunca se devalúa,

que nunca pierde riqueza.

 

Lo que cantó ese paisano

que nació en la calle Dueñas,

eso de que vais conmigo,

que mi corazón os lleva,

quiero dejarlo aquí mismo,

posado en estas frecuencias.

Y el final de este romance,

este final que se acerca,

y al que le pongo por punto

la p de, claro, la prensa,

la p de este periodismo

que nadie hará que se muera.

El 27 J

Es la politología la ciencia de los videntes. La aritmética del 803 y de las pitonisas. Y así, con esos pronósticos como de bola de cristal, de curandero por la vía de la sociología y del doctorado, casi ni aciertan en los candidatos que presentan los partidos, huy, por poco, al palo. Esto demuestra, por enésima vez en quince meses, cuatro elecciones pasadas entre las autonomías, los municipios y las generales, una conclusión que se desprendía del propio peso del raciocinio: el CIS no es la soberanía de los españoles. Y me alegro que al fin, poco a poco, suavecito, que esto sí que está costando sudores y reflexiones, y no al regeneración mainstream que con los brazos abiertos nos espera, nos demos cuenta de aquella circunstancia.

El Pepé ha ganado las elecciones, que no solo le han copiado a la amalgama de Unidos Podemos cánticos de catequesis y de gradas de gol sur, sino también la mayoría social que algunos se echaron a las espaldas como si hubiese palabras, conceptos, que por el simple hecho de existir, les perteneciesen. Las caras lo decían todo, como sé de buena fe que habrán comprobado. La mueca de un país, con guasa marca de la casa tuitera. Lo que más me sorprende, sin duda, es que aún no hayan ganado en las urnas lo que sí fue victoria en las calles. Tienen en su poder la manipulación de un discurso que, gracias al contexto de la crisis, su verdadero aliado en las campañas, le ha venido regalado; tienen la vanguardia de los despachos –de los despechos- y de las cátedras de las universidades en su erudita y grasienta cabeza; tienen la atención servicial de las teles y de los medios; tienen la favorable dirección de las redes sociales; tienen los poemas y las canciones casposas y cursis de Benedetti y de Paco Ibáñez para cerrar los mitines; tienen el voto de una población tan joven como algo iletrada y muy ingenua. ¡Lo tienen todo para ganar en esta España tan conservadora y esteticista en el voto, en donde siempre prevalece la simplicidad del valor de la identidad a la complicación de ahuyentar los sesgos tras las señas del razonamiento, de darle un poco al coco, al análisis! Y que no hay manera, ni así son capaces de arañar simpatizantes. Manera tampoco se advierte en un PSOE que celebra el cataclismo, con una pátina de orquesta del Titanic que causa estupor, misericordia, ternura y grima a partes iguales. Algo así como la dentadura de Margarita Robles. Y hablando de dientes, que es lo que les jode, pantojilmente hablando, un Rivera, no Kiko sino Albert, que parecía aún estar en una arenga de la campaña y propuso reformar la Ley Electoral, que la efusividad en los discursos suele ser de barra libre. De la Ley Electoral no se ha dicho absolutamente nada en estos meses de invierno, primavera y primeros del verano, tema enterrado en el nicho profundo de los intereses partidistas, pero ahora Albert, ahora Albert, se ha planteado la posibilidad de toquetear esa farragosa compilación de palabrería para juristas con vocación de arqueólogos por el plan de Indiana Jones.

En la tele se sentó Javier Nart, lúcido y sentencioso, cabalgante, a lomos de una sensatez mimetizada con su cabello: frondosa y casi transparente. De melenas casi mitológicas, paso de Diana cazadora o de Dionisio en el after, también estuvo el bipartidismo presente. Un bipartidismo que, visto con los dos dedos  de la frente, no ha muerto. Un bipartidismo que nunca murió, obvio, que tan sólo se fragmentó en cuatro partidos, sí, pero que daban dos bloques, o dos golpes, de ciego, según se mire. Y en el punto del ni frío ni calor de la noche, esos felices y desinhibidos individuos en las sedes de los partidos, cantando, bebiendo y celebrando, tan parecidos a los de los matasuegras y los gorritos de purpurina en Fin de Año. ¿Tendrán derechos políticos? Lo suponemos. Lo suponemos tanto como esta España, como esta noche que se estudiará en las universidades.

-¿En las de Historia?

-No, amigo mío, en las de Psicología.

SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA

Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fratemos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica, de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismánica, pura, rïente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!

Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba
o a perpetuo presidio condenasteis al noble entusiasmo,
ya veréis al salir del sol en un triunfo de liras,
mientras dos continentes, abonados de huesos gloriosos,
del Hércules antiguo la gran sombra soberbia evocando,
digan al orbe: la alta virtud resucita
que a la hispana progenie hizo dueña de siglos.

Abominad la boca que predice desgracias eternas,
abominad los ojos que ven sólo zodíacos funestos,
abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres,
o que la tea empuñan o la daga suicida.
Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo,
la inminencia de algo fatal hoy conmueve la Tierra;
fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas,
y algo se inicia como vasto social cataclismo
sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas
no despiertan entonces en el tronco del roble gigante
bajo el cual se exprimió la ubre de la loba romana?
¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos
y que el alma española juzgase áptera y ciega y tullida?
No es Babilonia ni Nínive enterrada en olvido y en polvo,
ni entre momias y piedras reina que habita el sepulcro,
la nación generosa, coronada de orgullo inmarchito,
que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas,
ni la que tras los mares en que yace sepultada la Atlántida,
tiene su coro de vástagos altos, robustos y fuertes.

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente
que regará lenguas de fuego en esa epifanía.
Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros
y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora,
así los manes heroicos de los primitivos abuelos,
de los egregios padres que abrieron el surco pristino,
sientan los soplos agrarios de primaverales retornos
y el amor de espigas que inició la labor triptolémica.

Un continente y otro renovando las viejas prosapias,
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.

La latina estirpe verá la gran alba futura:
en un trueno de música gloriosa, millones de labios
saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente,
Oriente augusto, en donde todo lo cambia y renueva
la eternidad de Dios, la actividad infinita.
Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros.
¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!

Rubén Darío, 1905.

LA VIDA Y ALGO MÁS: OVIEDO Y GIJÓN

La próxima semana presentaremos La vida y algo más en Oviedo y en Gijón, patria querida de jóvenes poetas, de buenos jóvenes poetas. Sí, sé que no es novedad, sé que no es una publicación reciente, pero mi amigo Mario Vega me ofreció cama y literatura en la pasada edición de la Feria del Libro de Sevilla. Y yo a los amigos no les puedo decir que no.

Más información:

La vida y algo más (Oviedo)_01

La vida y algo más (Gijón)_01

EL VOTO ÚTIL

Entre la manta del tiempo nuevo y la cabeza del “sorpasso”, habíamos olvidado un concepto con el que tantos se han liado, durante años, y no menos irrisorio: el del voto útil. Parecía que se había olvidado, que los líderes y los portavoces populares y socialistas enterraron esa manera de practicar las dignidades con el trasfondo y las intenciones del cuento de caperucita, que viene el lobo, uh, y al fin desistieron en la estrategia ante los que le iban quitando fuerza en el pastel, cuando éste empezó a estar más repartido que de costumbre. Pero no. Uno escuchó por la radio, como quien oye Rajoy, la lluvia de un discurso ya sonado. Cíclico, por supuesto; moribundo, quizá, pero ahí sigue, como los océanos en los mapamundi y los anuncios de la publicidad en las marquesinas. Uno escuchó a Rajoy apelando al voto útil, como entonan en las tertulias los trovadores del análisis, sin jubón pero tan mercenarios y servidores como de costumbre. En el estrado, el presidente en funciones, llamaba a la sensatez en el noble ejercicio de las libertades civiles y políticas, derecho que es tanto la d de su nombre como el reverso de la b del deber. No aprenden. No aprenden que ese es el camino por el que tantos españoles han mandado al género por el camino del dedo corazón. De montar y de pedalear.
A mí lo del voto útil me suena a hombre del saco, o al coco. A ese temor infantil y simple del mal padre que no tiene más convencimiento que el argumento del suspense para manipular decisiones ajenas. No se puede solicitar la sensatez a las 12:05 y a las 12:06 sacar el doberman a paseo para inducir planteamientos y, casi, coaccionar voluntades. Pero ya lo decimos, no aprenden. Y por el peor de los motivos: porque no les da la gana. Por mucho que Andrea Levy vista de camisa vaquera en los debates, como si fuese a domar el plató o a montarse un bolo en Kapital, o haya una bacanal de deseos y lascivias entre muchachitos sensibles de sus nuevas generaciones. Esto es, endecasílabo quevediano, los tres tiempos del cansancio: un fue, un será y es cansado. O conservado, según se mire.
Lo que es, es, y lo que no es, no es, dijo Parménides de Elea, aunque semejante aserto pudiera ser escrito en las mentes del Beni de Cádiz. Lo que es: un presidente mendigando al voto útil; lo que no es: útil el voto. Porque lo que debiera darnos la utilidad son las propuestas del partido al que dirigimos nuestro derecho en las urnas, y no el voto en sí, que no es más que un papel impreso con letras negras, como el futuro de más de uno, un intermediario de las emociones, las ideologías, las abstenciones y los destinos. No puede ser útil lo que sólo sirve para ser objeto de recados, fugaces, temporales, pasajeros: la utilidad se esfuma con afán de humo o de chocolatina. Pero ahora explícate esto en un panorama en que otras manos, también votantes, teclean desde sus ordenadores insultos y etiquetas de racismo por un vídeo absurdo y anecdótico que nada tiene que ver con la realidad de sus ficciones. Sí, el de Pedro Sánchez, como p de Pilatos, lavando sus manos. Esto se nos va, se nos va de las manos, evidentemente. Pero no de las de Sánchez, sino de las miles de manos demagogas que ven fantasmas donde solo quedan cortinas y trampantojos.
Aquello sí que es, por desgracia, útil para muchos. Lo de ver conductas deplorables donde solo hay casualidad, o ni eso. Y todo por puro interés, por necesidad de jugar sucio para derrocar al adversario, es probable que en su foro interno ni se replanteen el hecho de que Pedro Sánchez esté a la altura de Pol Pot o de Hitler. Esto sí que es útil para muchos, y es lamentable. Y me temo que lo seguirá siendo, útil y lamentable, después de vernos las caras, los votos, el próximo domingo.

ROMANCE A UN TERMÓMETRO DE EL PRADO SAN SEBASTIÁN

Romancéase una vez

estos días de verano

en un parque que no es parque

y que llamamos El Prado.

Un lugar en el que estuvo

hasta los setentaytantos

las casetas de la Feria,

hoy puestas en otro barrio.

Un inhóspito paisaje

en que, creo, no hace tanto

fuimos colmos de vergüenzas

entre algunos catedráticos

y un poquito de políticos

y un mucho de magistrados.

Bibliotecas que perdimos:

renovamos topicazos,

que si la cosa es perder

el cum laude nos llevamos.

Pero bueno, ya pasó,

¿rencor? No me sean malos.

Demasiada ya tenemos

para hurgar en el pasado.

Hoy traemos otros temas

a las ondas de esta radio.

 

Popular, casi famoso,

que sale en los telediarios

-la noticia es asombrosa,

que yo me quedo pasmado,

hace calor en Sevilla

en los meses de verano-

y abren toda cabecera

con los guiris desmayados,

con la piel de los colores

de sus calcetines blancos;

y con los que recomiendan

beber agua a cada rato,

y que eviten las carreras,

y que eviten los gimnasios,

justo después de comer,

entre las dos y las cuatro.

¡Gracias por estos consejos,

quién hubiese adivinado

por sí solo, sin ayudas,

estos consejos tan sabios!

 

Las camisetas de sisas,

pelambreras del sobaco,

los pantalones pirata

con unas chanclas de plástico.

Un elogio del mal gusto,

elogio de lo ordinario,

esas chanclas de la playa

que pisan el suelo urbano.

Los pinreles con más roña

que los huecos de un retablo.

Aquello no lo restaura

ni las gubias de Miñarro.

Lo que tiene que aguantar,

menudo es el escenario,

el que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

Entre bares de La Raza,

mi apoyo a sus empresarios,

y la horrorosa fachada

de las puertas del juzgado,

se alza, ni El Cid con su bronce,

con su lanza y su caballo,

el que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

Es un hombre tan estoico…

qué bien que curra el muchacho.

Todo a jornada completa,

todos los días del año,

y sin cobrar horas extras,

sin cotizar, sin contrato.

Sin escaparse al Oriza

a pegarse un lingotazo.

Cómo nos marca las horas.

Cómo nos marca los grados.

Cuando vuelves de la playa,

los domingos, resignado.

¿Giralda? ¿Torre del Oro?

¿La Fábrica de Tabacos?

Nadie como este termómetro

que nos abre telediarios

y al que todos hacen fotos,

y por guasap van pasando.

Su cabeza tan enorme,

el verde guerra del tallo.

El que está en el candelero:

el que está a cuarenta grados.

El que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

ASALTO AL LENGUAJE

 

Pasadas las “tomas” de posesión llegan las otras “tomas”: las tomaduras de pelo. Estamos discurriendo, hoy día, en este tiempo de abdicaciones y buenas voluntades en los discursos de investidura, por la juventud madura de una democracia treintañera, eso que algunos llaman la segunda transición. Tampoco es para ponerse así. Las medidas que se atisban en los despachos de las instituciones para solventar tanta promesa traducida en decepción por unos y por otros son medidas difusas y vacuas, efervescentes y tímidas en el mejor de los casos y populistas en la mayoría de las ocasiones; medidas que cobijan su intención más en el qué que en el cómo; medidas cuyo interés es el corto plazo de las generales. Lo dicho: llegadas las “tomas” de posesión llegan las otras “tomas”, las tomaduras de pelo. Verán.

En este tiempo nuevo, como algunos ingenuos –o interesados- lo llaman, juega un papel fundamental el uso del lenguaje. En todo cambio de orden social que se precie, cultural o político, el nombre de las cosas es el camino más corto para llegar allí donde la razón se desnuda y nos deja entrever, tras la puerta entornada del convencimiento, el cuerpo virgen de las ideologías. La ideología es la ceguera del raciocinio. Y en esa ceguera, buscada y pretendida por aquellos que ansían el poder, el lenguaje toma un pulso vital.

Lo que ahora llaman las candidaturas de unidad popular–hasta ayer marginales – de hoy, en absoluto distantes de sus predecesores en el siglo XX, han entendido muy bien la estrategia de esta retórica populista que no apela al raciocinio sino al sentimentalismo. Herederos de los movimientos de masas –desde el nacionalismo al peronismo-, de la política como confrontación de un enemigo, han asaltado, si no el cielo, sí el lenguaje: el fértil terreno de la manipulación. Se han apropiado de conceptos como “empoderamiento” o “transversalismo” o “gobierno de la gente” para convertir la legitimidad de sus votantes en un derecho absoluto e inalienable, en un dogma indiscutible.  Por esta inquietante senda ya han tomado el poder. Sólo espero que al menos, en un futuro próximo, no nos sigan tomando por tontos.

(23-06-2015)