EL MIEDO Y LA ESPERANZA

El 26 de junio hay que elegir entre el miedo y la esperanza. Así lo ha afirmado, contundente, Ramón Espinar, nombre que no les sonará demasiado, pero que es, como tantos desconocidos con poderes públicos –algunos incluso mágicos-, representante en una institución mantenida ora et labora gracias a los impuestos del personal, en este caso del Ayuntamiento de Madrid.

A mí que Ramón Espinar me diga qué se elige aquí es algo que me resulta indiferente. Lo sorprendente es que los mismos que se echaran a la calle hace cuatro años declamando contra el bipartidismo vigente nos impongan, ahora, taxativos y creciditos en edad y vanidades, dos alternativas para el voto. ¿Ya no hay reforma de la ley electoral? ¿Ni marcha de la dignidad por un sistema electoral injusto, entre otras soflamas? ¿Ni se rodea el Congreso por la injusticia social del sistema? No: ahora se plantean dos opciones, como el oportunismo de las elecciones manda, que para eso es su dios y su fe. Y lo plantean no porque España lo necesite, sino porque es lo que el argumentario del partido les dicta, y lo que hoy les conviene.

-Pero Ramón Espinar es del PPSOE, ¿no?

-No, amigo, de Podemos.

-¿? Anda ya…

Esto me recuerda al librito de George Orwell, Rebelión en la Granja. Libro que nunca citaran, no vaya a ser que se descubra su condición. En el argumento, unos cerditos se rebelan contra unos despiadados granjeros. Después de aventuras varias, en las últimas escenas del relato, se sientan a la mesa tanto los cerditos revolucionarios como los granjeros opresores. Pero la reunión no son dos frentes abiertos: ambos bandos se han mimetizado, y ni los granjeros son tan humanos ni los cerdos tan animales. La realidad, claro está, ha superado a la ficción.

Entre el miedo y la esperanza, dicen. Dos caminos. Solo dos. ¿Pluralidad? ¿Matices? ¿Rasgos? ¿Perspectivas? ¿Diversidad? ¡Qué me cuenta usted! Esas preguntas solo generan competencia, y esa competencia genera libertades, ¡y esas libertades generan democracia! Aquí los unos son los malos y los otros, nosotros, somos los buenos. Pensamiento de caudillaje en oferta, como los delirios aquellos del dictador y el rollo macabeo del judeomasón. Qué lástima que expulsen a la Filosofía de las academias, como hiciese Platón con los poetas. De no ser así, a mí me huele a nominalismo. El nombre importa más que el hecho, la identidad importa más que el contenido. Por eso a Ramón Espinar no le inquieta la educación ni cualquier debate hondo y relevante: supondría bajar el balón al suelo, y proponer puntos e ideas originales, frescas y delimitadas. A Ramón Espinar le urge el indicarnos que el 26J estamos entre el miedo y la esperanza –que también es curioso el método de esta gente para ofrecer esperanzas, invocando al miedo-. Y poco más.

-Pero Ramón Espinar es del PPSOE, ¿no?

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