ROMANCE A LAS LOSETAS-GRANITO DE LA AVENIDA

No sois ilustres, queridas,

no sois venerables piedras

de las viejas catedrales,

de las antiguas iglesias.

No os sacan fotos los guiris

ni el sacerdote os inciensa.

No sois del salón de plenos,

no sois de La Magdalena.

No cobijan altos muros

ni poderes ni prebendas.

No os publican en los libros

ni os estudian en la escuela.

No eres tú renacentista,

ni barroca ni mudéjar,

ni románica ni gótica,

ni clásica o plateresca.

No te cargaron los moros

entre alminares, dovelas.

No te ha visto Alfonso X

ni te vio Santa Teresa.

Por ti no viajó la plata

y el oro de las Américas.

Ni en ti descansó las lágrimas

Juan García de Vinuesa.

No te sacaron los hombres

del vientre de las canteras.

Sólo sois de una avenida,

de una avenida cualquiera

que fue cambiando de nombres

según los tiempos, las épocas.

Piedras que cumplen diez años,

diez años cumplen las piedras

de granito, industriales,

de catálogo de Ikea;

tan de la ciudad grisácea,

tan de las últimas décadas.

Diez años de aquellas obras,

diez años de la polémica.

Años de especulaciones

con lo poco que nos queda

-para bien y para mal-:

la cáscara de la estética.

Tan granito de Alfredito,

progreso dijeron que era.

Hoy dice Antonio Muñoz

-es un hombre con cabeza-

que todo esto es de mal gusto,

que la avenida es horrenda.

Que entre tantos veladores,

que entre tanta tienda hortera

con carcasa para el móvil

y luces de discoteca,

no hay turista que pasee

ni foráneo que entienda

este foco del mal gusto,

la avenida tan horrenda.

Cómo cambian los criterios

en apenas una década.

 

Las piedras de la avenida,

denostadas, posmodernas,

soportando las calores

sin sombras que las protejan

en un desierto de Gobi

sin dunas y sin arenas,

tan sólo con un tranvía

recorriendo sus arterias.

En esta ciudad que elogia,

en esta ciudad que eleva,

en esta ciudad que aplaude,

en esta ciudad que premia

tanta piedra en monumentos,

en fachadas, en iglesias;

hoy yo quiero recordar

a estas olvidadas piedras,

piedras que nadie menciona,

piedras que nadie recuerda

si no es al montar los palcos,

si no es para llenar de cera

el lomo de su granito,

encima las ponen buenas.

Sin comerlo y sin beberlo,

las pobres, menuda pena,

mirando están de soslayo

a sus hermanas gemelas,

las piedras catedralicias,

piedras que todos veneran

en la ciudad donde tantos

tienen, hablando del tema,

de piedra dura la cara,

de piedra dura la jeta.

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