EL LATIFUNDIO CAMBIÓ DE MANO

 

No sé si recuerdan lo de la ardilla que podía recorrer España de norte a sur pisando las tierras en manos de un único propietario. Hablo del latifundismo, cuyo estigma era uno de los síntomas del subdesarrollo en Andalucía, herencia del feudalismo, cuando en Europa la revolución industrial y la prosperidad de la sociedad del capital eran una realidad asumida. Esto, la Andalucía del latifundio y del subdesarrollo, pertenece ya a la Historia. Al menos eso dicen. Dicen que es Historia pues llegó la reforma agraria, y los planes de desarrollo, y la Transición, y Plácido Fernández Viagas, y Manuel Clavero, y la autonomía, y Rafael Escudero, y el socialismo, y el socialismo, y el socialismo, y el socialismo. Llegaron las primeras, las segundas y las terceras modernizaciones, y los portátiles gratis en el instituto público, y las subvenciones a empresas, y el pan y el aceite como un bálsamo de nostalgia cada 28 de febrero, y las medallas, y el aplauso en la investidura, y el cacareado tiempo nuevo. Si uno creyera en el progreso moral de la condición humana apostaba todo al uno sin dudarlo: cómo hemos cambiado. Pero resulta que, con todo lo anterior, también llegaron las redes clientelares, y los autos de las instrucciones en los juzgados, y el dinero para asar una vaca, y Viera, y Zarrías, y el señalar a los disidentes como enemigos de Andalucía, y el déficit, y los contratos públicos en los reservados del restaurante.

En el libro Andalucismos, de Santiago Montoto, editado en 1915, ya hablaba de la necesidad de una Andalucía regenerada. Regeneración de la vida pública, política e industrial: caciquismo y latifundios. Cien años de vida y la vida sigue igual. Idénticos males con distintos horizontes. Tantos años y tanta promesa para seguir siendo los mismos. Andalucía siempre conjugada en un futuro imperfecto que nunca cumple: llegará, mejorará, traerá, invertirá, progresará. Si ayer una ardilla podía recorrer los latifundios de España –y de Andalucía- de norte a sur sin cambiar de propietario, hoy podría hacerlo sin mudar, por ejemplo, de administración: tele pública, Universidad, Administración Pública, Consejo de Gobierno… Todo bajo un mismo poder. Y la vida, lo dicho, que sigue igual.

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