BREVE ENSAYO SOBRE EL TINDER

En Londres han lanzado un Tinder para donantes de esperma, que es algo así como reconocer, al fin, para qué sirve, con sinceridad, la aplicación. El Tinder, con artículo, sí, con esa familiaridad de barrio, con ese el tan popular, tan de lengua hablada, la lengua del coloquio y de la naturalidad, lengua con la l de las lejanas academias, de la frialdad de los manuales de filología. El Tinder es uno más de la pandilla, al menos desde hace unos meses, desde que surgió en nuestras vidas. Quedas el sábado, ahora que aún se aprovechan los días de sol y otoño, en la barbacoa y en el chalet, en el campo y en el bar de la esquina, y ahí que está el largo, el negro, el canijo, el bola y el Tinder. Confieso que jamás lo descargué, pero siempre me provocó sospechas y recelos, curiosidad y rechazo. Yo en Tinder preferiría no entrar, quizá. Pero no por eso que alguien pueda llegar a imaginarse. No entraría en un lugar que trata estas sucursales de la lascivia con ese ánimo tan burgués, inclinando la balanza del gozo hacia lo prohibido, lo oculto, lo proscrito, lo marginal. Como si el placer fuese pecado para los sentidos.

Dicen que los británicos no hablan ni de sexo ni de dinero. Mienten, obvio. Si no que me digan a mí por qué son pioneros en este Tinder para donantes de esperma. Tengo un buen amigo que le dio su uso durante un tiempo. Hombre de leyes, de puntualidades, de formalidades. Hombre elegante en el fondo y en la forma. Un británico con acento del sur, que por algo veranea cercano al Estrecho de Gibraltar. Así que fuera tópicos en este tema.

Desde esta costa gaditana en la que mi amigo veranea, un poco más allá, me habló el escritor Montero Glez de un mundo orgánico, no mecánico. Todo funciona como un todo. Estamos conectados. Me recetaba pastillas para el capitalismo, pero yo creo que este planteamiento también se puede aplicar al éxito del Tinder. ¿Y qué es el Tinder? Pues me da que el único lugar que le queda a Pedro Sánchez para probar a qué saben los éxitos.

COPE

Cuando la vi alcanzar la altura de la Puerta de los Palos me acorde de eso que Sthendal propuso como fundamento del relato literario: “Una novela es un espejo que se pasea por un ancho camino”. Al escritor que uno intuye dentro de sí le sucede lo mismo con las cofradías. Hay hermandades que son un espejo en el que te retratas. O te retratan. En estas descubres tus años de adolescencia, en esas los de madurez, en aquellas los de la infancia. Los tiempos de la persona, que es como si dijeses todo, vaya. Con la Virgen de la Paz me adscribo al último tiempo, que es el primero: el del niño. Esa patria del hombre. La vi alcanzar la altura de la Puerta de los Palos como el verso de Juan Ramón: pura, vestida de inocencia. La blancura del magnolio cernudiano que diese colores de lecturas en las primeras noches de la pubertad. Yo quise, bajo ese palio casi de claridades, tan blanco, como si de un sobre se tratara, enviar en él envuelto esta breve nota que hoy redacto, tarde de septiembre tan lejana a la del Domingo de Ramos que nos espera. Mucho más aún de los Domingos de Ramos que se fueron. Hay cofradías que pasan delante de ti y son como el espejo que imaginó Sthendal para explicar el sentido estético de la novela. Y en ellas me observo. Y en ellas me reflejo. Y en ellas, justo donde otros ven tejidos y coronas, me arde el recuerdo, al igual que la cera en la candelería, de la memoria de mis padres cruzando el Prado, conmigo de la mano. Que ya daban las dos en el Parque de María Luisa.

APUNTES SOBRE EL ACOSO ESCOLAR

Ciberbullying no es el antagonista de la nueva saga de Star Wars ni la última creación del mercado tecnológico. Nada de eso. Ciberbullying es el mote con el que han dado los expertos para nombrar al acoso escolar, un problema de la educación que llevamos años viendo por la tele. Tantos como sin hacer nada serio al respecto, sin plantearnos salidas, soluciones; sin abordar el drama desde dentro: en las instituciones, en las aulas, en los despachos. Parece que hubiese un silencio pactado, un silencio de vergüenza al que nadie diese importancia, y no porque no la tuviese, sino por miedo a averiguar la envergadura de la tragedia en la sociedad. El ninguneo del que no se atreve a mirar a los ojos. El ninguneo cómplice del que prefiere apartar la cabeza para otro lado. De todo esto saco unos breves apuntes.

El primero es el de la dimensión. Las medidas del problema. El acoso escolar es la adversidad primera. La desnudez total de la inocencia. El fracaso emocional de quien, hasta entonces, solo ha conocido el juego, la imaginación, la ingenuidad, los días discurriendo sin más gravedad que la de su propia rutina, la de sus propias tareas. Demasiado injusto. Según un estudio elaborado por la Fundación Anar, un 10 % de los niños españoles han tenido intención de suicidarse. Pensamiento de suicidio en alguien que aún sueña con hacer de Batman en las calles del barrio.

El segundo es el de ese afán tan cobarde como estúpido de no llamar a las cosas por su nombre. Una conducta que se repite hasta la saciedad en ciertos ambientes de la educación y de la enseñanza.  Maquillar la tragedia para que suene menos cruel, menos verdadera. Cortina de humo para no levantar sospechas, pues no somos capaces de soportar el relato de este abuso. Hay veces en que los adultos se esfuerzan más de lo debido en ser niños.

El tercero es el de comprobar cómo el avance de las nuevas tecnologías nunca proporcionará el progreso, digamos, humanista. O cómo la humanidad evoluciona a un ritmo envidiable en la maquinaria, la robótica, el utensilio, y sin embargo abandona, o al menos descuida, la prosperidad de los valores, de esa voluntad santa con la que nos iluminó Kant hace un par de siglos.

COPE

Más de moda que una magna. Está el ir a votar en las elecciones, los politólogos en las cadenas de televisión, cazar Pokémons y acudir a las magnas. Por ese orden van las tendencias de hoy día. ¿Acudir a mangar a dicho usted? No: acudir a la magna. Aunque aquello también. Lo que no está tan en boga, con lo que prometió el asunto, es el nuevo Consejo de Cofradías. Por ahora sólo han decidido las fechas para ver qué cartel, pregonero y tal se eligen. Algo así como cuadrar los presupuestos generales del Estado, pero al cofradiero modo. Lo tranquilo que duerme uno cuando se entera de que ya hay día para nombrar pregonero, ¿verdad? La vida se ve de otra forma. Sin embargo, el punto que nunca aparece reseñado en las agendas de la calle san Gregorio es el de las sillas de la carrera oficial. Sí, lo de las reventas. Trama que quedó resuelta en un par de reportajes en Cuaresma, y eso que el relato venía pidiendo, como mínimo, novelón. ¿Qué fue de esta historia? Pues silencio. Pero no el silencio de la Plaza de Toros del Arenal ni el silencio en el que al fin tendrán voz las mujeres. No. Es un silencio sin tanta lírica pero con inmensas verdades en esta ciudad: el cobardón. ¿Nadie piensa explicar nada, ahora que tanto bombo y platillo de agrupación musical le iban a dar a la comunicación? Me temo que habrá que seguir investigando. O abrir un referéndum. Eso sí que está de moda.

TEORÍA POLÍTICA EN LA BARRA DE UNA CASETA DE FERIA

Nos ocurrió el pasado viernes, y no di crédito a la conversación. Sucedió en una feria de pueblo. El lugar más insospechado. O no. No sé. La cuestión es que salió en el corrillo que tuvimos montado en la barra de la caseta el tema de la política, un asunto en el que deberían, al igual que en la conducción, prohibir su uso a partir de una tasa indecorosa de bebida en sangre. Pero bah, nos tiramos a la piscina, y dimos por empezado el debate. Mi interlocutor, militante de las juventudes en un conocido partido, me comentó que él arreglaría las calles del barrio en donde hubiese mayor número de habitantes partidarios de sus políticas para, claro, garantizar la supervivencia de su partido en el gobierno. Lo llamó gestión pública, y lo argumentó del siguiente modo: si barajo dos calles en las que arreglar el pavimento, y debo decidir, prefiero la que, electoralmente, me conviene. Lo llamó, repito, gestión pública. Yo le apunté que eso era un abuso partidista de los recursos públicos. Me contestó con un fundamento irrebatible: que lo había estudiado en Ciencias Políticas y que así es la teoría. Y punto. Con mucho énfasis me sentenció ese “y punto”. Acompañó el comentario con una mano en posición horizontal y un leve giro de muñeca, como si espantara moscas.

Lo peor no es la barbaridad, al menos en mi criterio, que el muchacho soltó por la boca. Lo que más lástima me da es escuchar estos argumentos en chavales de veintidós, veintitrés, veinticuatro años. Gente joven con esa conciencia crítica.

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Puede ser que te digas: “El verano que viene
quiero volver a Italia”, o: “El año que hoy empieza
tengo que aprovecharlo; con un poco de suerte
acabaré mi libro”, y también: “Cuando crezca
mi hijo, ¿qué haré yo sin el don de su infancia?”.
Pero el verano próximo, en verdad, ya ha pasado;
terminaste hace muchos años el libro aquel
en el que ahora trabajas; tu hijo se hizo un hombre
y siguió su camino, lejos de ti. Los días
que vendrán ya vinieron. Y luego cae la noche.
A la vez respiramos la luz y la ceniza.
Principio y fin habitan en el mismo relámpago.

UN SUSPENSO PREMATURO

El otro día estuvimos charlando con amigos de la educación que deberían recibir sus hijos. Chavales de veintipocos hablando de asuntos tan trascendentes, casi metafísicos, como qué futuro es el preferido para la formación de la prole. La vida es estar siempre planeando, imaginando, suponiendo, planteando, proponiendo… no digamos cuando aún se presume esa edad de los pájaros en la cabeza; esa edad tan propicia a la estupidez como a la ausencia total de cualquier rasgo de determinismo. A mí me recordó a aquellas fiestas en las que siempre se termina en la cocina, vasos de plástico usados y un fregadero con aspecto de cráter, asignando, casi con don de dictador, las ocupaciones laborales de cada uno. Tú mi médico, tú mi abogado, tú mi arquitecto. Y de gratis, claro, que lo que aquí importa no es la buena vida que se desea a los amigos cercanos, sino que aquella nos facilite los quehaceres de la nuestra. Pero ya alcanzamos estos propósitos, y el que más el que menos tuvo el placer de colgar su título para mayor vanidad de LinkedIn.

El ameno debate, breve parlamento entre cafés y refrescos, derivó en detalles relacionados con el tipo de colegio que mejor se adapta a las necesidades de un niño, público o privado; el modelo de la educación religiosa/laica; el horario de mañana o de tarde; las clases diferenciadas o las aulas mixtas. Siempre que se discute de educación, ya sea en un velador o en los despachos de un ministerio, ésta queda consumida en su propia cáscara, en una serie de conceptos, términos, etiquetas… que sólo favorecen a lo accesorio respecto de lo fundamental. La última discusión, la enésima reforma, se ciñe a la reválida. La discrepancia se resume en la idoneidad o no de un examen. 240.000 firmas ha recogido un alumno de Cádiz con el siguiente fin: que no se implante esta medida. Ni rastro de contenidos de asignaturas, incremento de horas en los idiomas, salarios del profesorado, resolución de los casos de acoso. De temas que sí deciden el rumbo de la educación. Me huelo a otro suspenso. Y eso que sólo estamos a mitad de septiembre.

COPE

Con la venia de los oyentes de COPE,  y con la tuya, Pedro, que tienes nombre de apóstol y con él, desde esa ventaja, te reservas las llaves de este programa. Con este venia vengo, Sevilla, como niño todo de estreno en la tarde del Domingo de Ramos, a inaugurar sección. Vengo con idéntica inocencia, absoluta blancura, reverencia e inclinación, vengo con la trasparencia de esa luz que en el recuerdo llevamos. Luz del Domingo. Luz tan similar, parecida, a esta que en septiembre nos prepara emboscadas de deberes y de obligaciones. Luces semejantes, con nombre de prólogo. De víspera, si lo traducimos a la lengua vernácula de lo cofradiero. Una luz que hoy prendo en el pabilo de las ondas y que espero mantener incandescente hasta llevarla al primer cirio fundido de la candelería, justo cuando por Sierpes, ahí en la esquina, se asome en los cristales del escaparate el primer palio de la jornada. Pero con estas luces de septiembre hay quien aprovecha para sembrar de ceguera, de odio, los puntos en que sólo es posible el incendio de la claridad. En el Sagrario. ¿O no es eso lo ocurrido el pasado lunes en la Basílica de El Gran Poder? Ahora nos iremos del hecho al debate. La nota precisa la dio el periodista de ABC de Sevilla, Javier Macías, en su cuenta personal de tuiter. Y es que, como redactó en el tuit, averiguamos y resolvimos la profanación gracias a las cámaras de la Basílica. Pero ¿cuántas iglesias, parroquias y capillas descuidan, desde la buena intención, esta seguridad en sus lugares de culto? ¿Cuánto patrimonio y cuántas imágenes están a mano de los delincuentes? No es por dar ideas, claro, sino porque quizá sea necesario plantearnos garantías que, sin transformar el culto en el despacho de un comisario, eviten algo básico: que se vuelvan a producir hechos de este tipo. Me acuerdo de cuando Enrique Esquivias, en una noche de junio de 2010, informaba a los medios del asalto al altar del Señor. 2010. Ahora 2016. Supongo que no tendré que mostrarme, ni pedir otra venia, para decir que a la tercera fue la vencida.