TEORÍA POLÍTICA EN LA BARRA DE UNA CASETA DE FERIA

Nos ocurrió el pasado viernes, y no di crédito a la conversación. Sucedió en una feria de pueblo. El lugar más insospechado. O no. No sé. La cuestión es que salió en el corrillo que tuvimos montado en la barra de la caseta el tema de la política, un asunto en el que deberían, al igual que en la conducción, prohibir su uso a partir de una tasa indecorosa de bebida en sangre. Pero bah, nos tiramos a la piscina, y dimos por empezado el debate. Mi interlocutor, militante de las juventudes en un conocido partido, me comentó que él arreglaría las calles del barrio en donde hubiese mayor número de habitantes partidarios de sus políticas para, claro, garantizar la supervivencia de su partido en el gobierno. Lo llamó gestión pública, y lo argumentó del siguiente modo: si barajo dos calles en las que arreglar el pavimento, y debo decidir, prefiero la que, electoralmente, me conviene. Lo llamó, repito, gestión pública. Yo le apunté que eso era un abuso partidista de los recursos públicos. Me contestó con un fundamento irrebatible: que lo había estudiado en Ciencias Políticas y que así es la teoría. Y punto. Con mucho énfasis me sentenció ese “y punto”. Acompañó el comentario con una mano en posición horizontal y un leve giro de muñeca, como si espantara moscas.

Lo peor no es la barbaridad, al menos en mi criterio, que el muchacho soltó por la boca. Lo que más lástima me da es escuchar estos argumentos en chavales de veintidós, veintitrés, veinticuatro años. Gente joven con esa conciencia crítica.

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