COPE

Se prodigan por estas fechas de octubre y de noviembre, también en los últimos días del mes de junio, cuando el ruido tachero tacherorá de las cornetas aún es un eco de nostalgias, como dirían los pregoneros de distrito y colegio profesional, mis preferidos. Son las elecciones a las juntas de gobierno, un relato complicado, un asunto que quema tanto como ese chorreón de cera que nos cae en la mano justo cuando llevamos más de un cuarto de hora de parón en la calle Velázquez, ¿o no, hermanos de El Calvario? Tema espinoso me está tocando usted. Unas espinas con las que más de uno se corona, todo sea dicho. Pero ni morbo ni peleas que acaban como el rosario, ya que estamos en su mes, de la aurora. De las elecciones a las juntas de gobierno me puede el humor. Es inevitable. ¿Qué me dicen de esas fotos, como de equipo de fútbol en el ascenso o gobierno en las escaleras de La Moncloa, con el photoshop de pluriempleado en los dos o tres candidatos ausentes en el evento, uniforme oficial patrocinado por blazer azulón S.L.? ¿Y de las presentaciones de la candidatura, con aire de Donald Trump? ¿Y de esos currículum perfectamente detallados, desglosados, punto por punto, en la página web? ¿Y qué hay de la página web? ¿Y de esas llamadas con los, apunto literal, colectivos de la hermandad? Campañas con sus lemas, sus vídeos promocionales, sus disputas y sus proyectos. En algo sí coinciden todas las candidaturas: en la unión de sus hermanos. Se presentan dos, dos, y los dos piden la unión de la hermandad. Ay, lo que se ha perdido el psicoanálisis. No digamos la politología. No digamos la sede de Ferraz.

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