BORRELL Y CUENTA NUEVA

Dicen que es la esperanza lo último que se pierde, pero en España será, en cualquier caso, la socialdemocracia. El PSOE va camino de convertirse en el perfecto sustituto a ese ideal tan nuestro de la nación indestructible, la que lleva años destruyéndose a sí misma para resurgir, una y otra vez, de la ceniza. La explicación a este fenómeno la encuentro al cambiar de lente en el análisis de su declive institucional y político. Y partimos de que no es tal. Más bien, al contrario. El PSOE ha diluido su discurso en la nadería ideológica no por declive, sino por éxito. Sus propuestas estás agotadas  por el simple hecho de haber triunfado, de haber consumido todas las cartas. Desde el primer artículo de la Constitución hasta las últimas resoluciones del juzgado de lo social. ¿Recortes del Estado social? Una vueltecita por el BOE y, como Tomás, toquemos las llagas de la socialdemocracia en cada una de sus disposiciones. Volveremos a creer.

El PSOE no es fracaso, sino crisis. Y de la crisis sólo se entiende el cambio. Es cierto que la política del zapaterismo-leirepajismo dañó la imagen y la credibilidad del partido, mucho más cuando en mayo de 2010 y en agosto de 2011 se confirmaron todas las sospechas: estaban cogidos por las pelotas. Pero eso es coyuntural, y no decisivo. Agua pasada, aunque en el estanque de aquellos lodos aún flote el aroma putrefacto del populismo oportunista de Podemos.

El comité federal del domingo es una ocasión para salir reforzado, al menos a largo plazo. ¿Que cómo? Pues al asumir la abstención y, de paso, la triada dialéctica de Hegel –ya que Marx quedó para otros tiempos-: tesis, antítesis y síntesis. Pedro, Susana y Borrell. Un candidato con experiencia, catalán y moderado, que tome las riendas de la reforma del título VIII de la Constitución. Propuesta sobre el modelo de Estado Federal. Savia nueva para frenar el impulso nacionalista y distanciarse así de su principal rival, Podemos, con una estrategia que seduce a buena parte del electorado socialdemócrata en España. Si mola pensarlo, imagínate hacerlo.

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