RODEAR EL CONGRESO

Ni voté al candidato a la investidura ni a sus listas ni a su partido. Un partido con el que tengo, como con tantas opiniones ajenas a mí, discrepancias y cercanías. Sí, como los trenes. Porque el pensamiento y las ideas no son un todo uniforme, un monolito. Un pack de seis latas de Coca Cola, de las que compras en el super. Hay matices, puntos de encuentro y de fuga.

Ni me interesa un gobierno del Partido Popular ni considero que Rajoy sea el candidato idóneo para formar gobierno. Pero es que hay un problema: la mayoría de los españoles, por incomprensible que me resulte, sí lo desea. Y así lo manifiesta el escrutinio de los votos. Así lo traduce la bancada de los escaños. La soberanía de España. La democracia, vaya. La expresión de la voluntad general.

Ideas como rodear el Congreso el día de la investidura al ser “un gobierno ilegítimo” lo que allí se va a proclamar -según el manifiesto de los convocantes- no solo me parece descabellado, sino que es una tesis que, inevitablemente, me lleva a cuestionar los principios democráticos de estos individuos.

Está claro que hay mecanismos, reglas, normas, funciones y métodos en la CE del 78 que merecerían una revisión. Desde la elección de los miembros del CGPJ hasta la reforma del Senado, pasando, por qué no, por un debate sobre el modelo territorial del Estado. Pero eso no se consigue rodeando el Congreso, mucho menos imponiendo el parecer de una minoría por cauces “populares” que son, en resumidas cuentas, el atajo de quien no puede soportar -ni tiene garantías de éxito- el proceso común de las instituciones, con el respeto, claro está, a la legalidad vigente. Que no es otra que el acuerdo de todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *