COPE

Ni destituyeron a un capataz ni rescindieron el contrato de una banda. Así que no esperen del asunto gran difusión ni correveidiles en los grupos de guasap de los colegas de la tertulia cofradiera, del grupo joven, de la junta de gobierno. Aquí tan sólo se divulgó cultura en una parroquia mudéjar del siglo XIV, la de san Andrés. ¿Y la charla sobre quién? Pues Ortega Bru. Organizada por la hermandad de Santa Marta, en la mesa estuvo mi querido Manuel Jesús Roldán. Didáctico y lúcido, como siempre. Nunca seré partidista, pero sí partidario, y habrá que reconocer los méritos con adjetivos, el premio del escritor, ¿no? Pues eso, que sin ojana, el profesor Roldán apuntó a los asistentes un tanto que merece un minuto de reflexión: Ortega Bru fue un escultor que supo conjugar el canon clásico y el tiempo presente; en las artes, claro. Un hombre más de reforma que de ruptura. Un acento de gubia sin pastiches ni malas imitaciones. Una tercera España, un autor de síntesis en el pensamiento y en la ejecución, a lo Chaves Nogales, si hablamos de literatura. Una apuesta por la obra original. Dicen que quien no tiene padrino no se bautiza, pero en Sevilla, y más en las cofradías, será quien no tiene bando. Y Ortega Bru fue un hombre libre de etiquetas. Como Roldán. ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Pues la incomprensión, la indiferencia de sus coetáneos. Los mismos que diluyen charlas como estas en la destitución de aquel capataz o en la rescisión de aquel contrato con la banda, atasco en según qué casos, de turno.