UN SEGUNDO MÁS EN FIN DE AÑO

 

El pavor que causa este tiempo último del año, el que obliga casi a pedir socorro con tal de salir indemne de la situación, que si la lista de los mejores libros, que si los momentos más importantes de estos meses en cada uno de los telediarios vistos,  no es tanto lo que se vive como la repetición perpetua de lo que uno vive. En estos días de cuenta atrás, los cuartos, cuidado abuela con las uvas, vestidos  horteras y luminosos como un cartel de motel de carretera, no pesa tanto el instante de lo que se sucede, cursis dixit, como la reiteración de lo que sucede. Despedimos el año con idéntico ritual todos los años. Agotador. Más aún cuando lo que estamos deseando es decirle adiós.
Por si fuera poca tragedia, oh, el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS),  que sí, que eso existe, y con ese nombre entre base rebelde de Star Wars y revista científica, ha estipulado, por una serie de carambolas físico-matemáticas de espacio y tiempo, que este 2016 ha de durar un segundo más. O de más, mejor dicho. ¿Alguien recomienda la dirección de un buen psicólogo? Complicado de superar.
Ya asoma la canción de Mecano y el traje, al que probable le sobrará alguna que otra vocal, de Cristina Pedroche por el escaparate de la televisión; ya pensaremos en que este año sí o sí toca acudir al gimnasio, dejar de fumar, almorzar ensalada dos veces por semana o cualquier temeridad -como todo lo que sabe posmoderno- por el estilo. Y con un segundo de regalo de por medio. Leve en el vuelo e intenso en el cuerpo, como la capa de Ramón García. Como la resaca del uno de enero.

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