TURISMO SOSTENIBLE PARA ENTENDER UN TIEMPO INCOMPRENSIBLE

Suele pronunciar su nombre en estas fechas, cuando aún asoma el abrigo por la patita del perchero. Imagino que para cuadrar en los días de la primavera y el verano, en donde mayor afluencia de turistas se espera en las principales ciudades –con lo bien que se viaja en otoño y en invierno, sin aglomeraciones ni altas temperaturas-. Todo en ella está destinado al consumo y al comercio. Como siempre, mercaderes en el templo. Algo muy antiguo que pasa, embuste mediante, por el filtro de la novedad. Pero esto tiene siglos de vida, por mucho networking que nos propongamos. Vender y comprar, dar y recibir, comer y no morir, de eso se trata. Me refiero a FITUR, la Feria Internacional del Turismo, la cual se celebra en Madrid.

El comercio ha sido uno de los principales baremos, junto con el arte y la filosofía, para medir y comprender el tiempo en que vivimos. El modo en que nace, la manera en la que se desenvuelve, las reglas en que se desarrolla, el cómo valoramos el intercambio, sus relaciones… Cada una de estas partes, partes de su constitución, son interesantes para averiguar dónde nos encontramos. En qué lugar de la historia. Y de ahí a analizarla.

En FITUR, fiesta del comercio, salta a la vista un signo crucial de hoy día: la propaganda. Herramienta estrella en la política –cuyo canal sería el de las emociones- y en el lenguaje publicitario; por tanto, en los negocios; por tanto, en el comercio. Propaganda. Propaganda de la que se aprovecha el consejero de turno, baño de masas, para presumir de comunidad o de gestión, para hacerse fotos con el empresario, perdón, emprendedor, y apuntarse el tanto, ¿no es así, Susana Díaz? Propaganda que se resume, en esta feria, en un concepto divertido y enigmático: turismo sostenible.

¿Qué es el turismo sostenible? Pues algo que suena a agujero negro de la galaxia o a entelequia, a una cosa abstracta y lejana. Un sintagma hueco, vacío, que aparenta decir más de lo que dice. Pero en el que, sorpresa, a pesar de su nimiedad como concepto, todos creen. Todos le atribuyen un significado, como un dogma de fe –Jorge Bustos lo llamó liquidez posmoderna-, aunque no diga nada. Y nada como el turismo sostenible, que parte del comercio, para comprender, desde lo incomprensible, el mundo que acontece: desde la política a los negocios. Pasando por el resto.

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