COPE

“Donde hay sociedad, hay derecho”, dijeron los romanos, esa cultura que trajo a Occidente, previo ensayo de los griegos, el concepto de civilización moderna. Con su ingeniería, su filosofía, su política. Con todas esas ciencias que salvan a lo humano de la barbarie y al barrio en donde vives de la selva amazónica o de la sabana de las ficciones del Rey León. La ley suele ser, por su propia condición, impopular en un tanto por ciento, pues no siempre está de nuestro lado, al contrario que el arbitrio o el caos, situaciones en las que cada uno resuelve el entuerto como mejor gusta, como le viene en gana. Sin embargo, no conocemos método más eficaz para la convivencia que la ley, ley para disponer de límites que, oh contradicción, nos permitan ejercer ese bien común al que llamamos libertad. ¿Y a qué esta divagación? Bueno, salvo que usted, homo cofrade, haya vivido en una burbuja ajena al mundo o tenga una vida demasiado atareada se habrá enterado: la policía ha intervenido en un ensayo de los armaos de la Macarena por una vecina, denuncia mediante, molesta con los ruidos que provocan las cornetas. Y hasta aquí, al margen de diversas especulaciones entre denunciante y denunciados, lo sucedido. Aunque el hecho en sí no pase de anécdota y en el criterio personal, incluso sentimental, me incline por la banda -también el ayuntamiento, más político que gestor-, hay que admitir que existe una normativa que delimita un ruido que, en ese preciso instante, estaba fuera de lugar; de ahí que las bandas tengan su local de ensayo. Donde hay sociedad, hay derecho; ubi societas, ibi ius. Y no lo dice ni mi voz ni mi palabra, sino la de Roma. Que por cierto, los que van a morir en la firma de lo impopular, te saludan.

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