ROMANCE A UN ROMANCE COFRADIERO AFECTADO DE RIPIOTITIS*

-Doctor, ya llegó el paciente,

lleva un rato en la salita.

¿Le digo que pase ya

o le saco las revistas?

En cuanto oye las palabras,

se adecenta la camisa.

Se viste bata blanca,

se peina la coronilla

resopla, vamos al lío,

y estira las pantorrillas.

-Que pase, diga que pase,

muchas gracias, Margarita.

-Es ella la secretaria,

quien le concierta las citas-.

Se dirige hasta el paciente,

mirada amable y sonrisa.

-Discúlpeme, caballero,

le espera el doctor Macías.

La consulta de la izquierda,

sí, detrás de las plantitas.

Qué blancura de pasillos,

qué impoluta está la clínica.

De cuidada y de arreglada,

de inmaculada y de limpia.

 

-Tome asiento, por favor,

¿qué tal?, el doctor Macías.

¿Qué le sucede?, dígamelo.

Cuente cuáles son los síntomas.

-Pues doctor, desde hace meses,

tengo fobias a las rimas.

Desde que empezó Cuaresma,

desde que empezó las vísperas.

Y tengo miedo a la calle,

colegios de enfermería,

a tertulias cofradieras,

no digamos a capillas.

Es que es ver un concejal

y me tiembla la mandíbula.

Es que es oír una banda

y mire cómo tiritan

las muñecas y las piernas,

los hombros y las costillas.

¿Delegados del Consejo

sentados todos en fila?

¿Un chaqué con un atril?

¿Abogados con gomina?

¿Pena / suena / Macarena?

¿La mantilla con Sevilla?

¿Me muero con costaleros?

¿Y divina con espinas?

¿Ese buscar el aplauso

con un chilla que te chilla?

No puedo, doctor, no puedo.

Es que son cuarenta días

soportando estoicamente

lo que nadie aguantaría.

Usted es que no lo sabe,

es que usted no se imagina

lo que algunos consideran

o entienden por poesía.

 

El romance está tumbado,

y tiene la mirada ida.

El doctor, mientras, apunta,

medita y traga saliva.

Tras pensarlo unos minutos

le receta las pastillas.

 

-Usted padece, romance,

ripiotitis agresiva.

Evite hermanos mayores,

colegios de enfermería,

ateneos y tertulias,

y deje pasar las vísperas.

El domingo de pasión

la tele está prohibida.

Y ya verá cómo sale,

y ya verá cómo olvida

tanta décima ripiosa,

tanto ripio en cada rima,

tanto poema repipi,

tanto grita que te grita,

tanta pena / Macarena,

y divina con espinas,

y muero con costaleros,

y mantilla con Sevilla.

*Inédito en la radio. Lo dejamos fuera de la serie, del conjunto.

ROMANCE A LA TRASERA DE UN PALIO

Algo suma esta distancia
de vértigo, plomo, peso.
Tan medido, tan pausado,
tanto de tono y de acento.
Platas y costuras suenan
tras un fluir de nazarenos.
Sedas, tules orientales
sanan el puñal de un pecho.
Equilibrio de sentidos
que al aire saben suspensos.
Roma, Bizancio, Londres:
idioma de antiguo imperio.
Y este todo de absolutos:
músicas, calles, inciensos.
Gravedad de sus contornos
elevados, tan intensos,
que en la memoria elaboran
precisiones del recuerdo.
Acaso ideas, verdades,
contemplaciones, bosquejos.
Cómo emigran del ayer,
cómo salvan ya del tiempo,
imágenes, tactos, gustos,
nombres, paisajes, conceptos.

Los altos muros enuncian
sombras de un palio, de un cuerpo
que prende de lunas cálidas
por Castelar y Molviedro.
Ropas de astros. No: de cosmos.
Profundo enigma disperso
en la concreción del tú,
en la vaguedad del ellos.
Asume flautas y tubas,
y al paso van descendiendo,
ya de lejano, acordes
últimos de este concierto
en el que pronuncian voces,
y afinan dones, vencejos,
multitudes, peticiones,
días ociosos, cortejos,
anonimatos, ausencias,
artesanías, deseo,
calores, salves latinas,
mitos, logos, ojos, fuegos,
ceras, teles, campanarios,
horarios, terciopelos.

Es de incógnito esta cifra
que desnuda el segundero.
¿Quién podría descifrar
los nombres de este momento?
Abundar, sin conjeturas,
sin márgenes, todo aciertos,
al instante que, de claro,
ciega palabras al hecho.
Cuánto de fugaz retrato,
cuánto de cómputo eterno,
este palio que se vence
a los dictados del tiempo.
Que ya se pierde, cadencia
y célebre, tras lo ajeno.
Que distante deposita
su vibrar en tus adentros.

SUSANA ES SUSUNA: TODOS A UNA

De las Juventudes Socialistas del barrio del Tardón, en Triana, a los pasillos del ayuntamiento de Sevilla. Primeros años del nuevo siglo; cambio de milenio, mudanza en las bases del futuro socialismo andaluz, tan parecido, paradoja viene, al de la eclosión de los años ochenta. Por aquel entonces, Susana Díaz contaba veinticuatro años y un aval de nombres de poder en la selva de lo local y de lo regional, en esa micropolítica que sirve de ensayo, de preparación, de entrenamiento: terreno de juego en donde todo se reduce, en donde las posibilidades de crecer disminuyen, aunque ese pequeño espacio propicie mejores vistas al político joven con ganas de conocer el cómo funciona las redes internas un partido. Menor escala, sí, pero mayor cercanía, que traducido al verbo de las aspiraciones partidistas significa tenerlo todo más a mano, más próximo, más manejable, laboratorio de experiencias que llegarán una vez se cumpla la prometedora carrera política. En cuanto Madrid llame a la puerta.

Susana Díaz supo jugar sus cartas, y aprender de ellas, en esos años de juventud partidista. Juventud en la que consolidó dos cualidades que la han acompañado durante su trayectoria socialista. Dotes que ella misma demuestra, aunque de manera sibilina, en esta pugna por el poder del PSOE: capacidad para anular a los enemigos, y aquí la clave, sin que se note. En silencio. Tomando alianzas mediáticas –esa medalla de Andalucía a Antonio Caño, director de El País– y financieras –su amistad con Antonio Pulido, en La Caixa-; perpetrando la emboscada mediante las bases, la militancia; desgastando, de puro desconcierto y cansancio, las propuestas de sus rivales, que son López y Sánchez, sí, pero que fueron Pepe Griñán y Manolo Chaves. Recordemos la cita que el primero le apunta al segundo en cuanto se entera de que Díaz comentó en una rueda de prensa que ambos deberían dejar sus ocupaciones políticas debido al caso ERE: “Pepe, Susana nos ha matado”. Si así trató a sus mentores, ¿cómo lo hará con sus rivales?

Dicen que la cámara vieja del PSOE apoya a Díaz, y es cierto, aunque de motivos no vayan sobrados. Es un apoyo más de identidad que de convicción; más de “mal menor” que de confianza, incluso de caballo ganador, de me arrimo a quien me garantiza posición y puesto. La mayoría de los argumentos que se oyen tienen por contenido la abstracción de los ideales –sentido de Estado es uno de los más citados- o las vaguedades del discurso de aplauso mitinero, el carisma, que es la palabra de los que no tienen nada que decir. Así sucede en Andalucía, en donde todo es propaganda de la tele pública y abrazos a señores mayores en las residencias, a pesar de la reducción del dinero público a la sanidad. Mayor recorte de España. Pero Díaz controla la opinión, el gesto, la cúpula y el noticiero. Los cuatro puntos cardinales del político que apunta al cosmos nacional desde la autonomía, ese instrumento del que se benefició para alcanzar lo que de verdad ha ambicionado estos últimos cinco años, que no es la presidencia de Andalucía, sino de España. Susana es susuna: todos a una.