LUTGARDO GARCÍA, CANTE Y POEMA

Comparten flamenco y poesía el destello de la medida conmoción, un golpe que, sin levantar la atención por su fuerza, por su contundencia, se impone sobre el resto de las atenciones que nos acompañan, fruto de su persuasión, de su llamada, sensual y sonora, rítmica y sugerente. Digamos que ambos son un grito en su tono, justo, preciso, en el momento exacto. Con más emoción de la debida acaso nos dejen el estruendo y la parodia de su arte; la timidez que no eleva la voz, que carece de determinación y de potencia, una oportunidad perdida. Una extraña suerte de equilibrios los salva, y si tal no sucede, tan solo esperamos la frustración, la ausencia de cualquier estímulo.

Lutgardo García (Sevilla, 1979) conoce las claves de la poesía y los interiores del flamenco, mundos abundantes de enigma. El último sustantivo que, junto a lo que ya hemos comentado, completa sus correlaciones y sus similitudes. De ese enigma emerge el título de este libro, La llave misteriosa, editado por Renacimiento. Y es que poesía y flamenco son llaves, como todo arte, que abren puertas desconocidas –misteriosas- y, si unimos calidad del artificio y dedicación / talento, asombrosas, enriquecedoras, atractivas, que despiertan ánimos y describen emociones. Pero no solo hay prodigio en las puertas abiertas, ahora conocidas,  también lo hay en el objeto con el que se abren. Los modos de llegar a lo que guarda la infinita posibilidad del arte. De ahí que misterioso sea lo que nos espera, claro, pero no menos lo que nos desenmascara el fin de esa espera. La llave misteriosa, el título es oportuno.

De un lado el flamenco, del otro, la poesía. Con sus cercanías, sus rasgos comunes, sus aproximaciones. ¿Pero qué prevalece? ¿Quién destaca? Sin duda, el poema. Un acierto de Lutgardo García, cabe añadir. Si el autor hubiese escrito un libro menor, circunstancial, de aficionado y para aficionados, la poesía habría quedado en un segundo plano, detrás del tema, cuya sombra taparía las luces necesarias. Un mal libro de poemas sobre un asunto concreto –rock, amor, ciudades- es aquel en el que la poesía pierde interés en favor del tema, aquel en el que el tema distrae el contenido, dejando la publicación como pieza de interés de “turistas de la literatura” o de expertos en tal materia, pero no de lectores de poesía. El tema no determina el poema, pues son las cualidades de este las que nos avisan –algo impertinentes pero justas- de si su fin ha sido o no logrado, cualidades universales y totales, de pura poética: de modo, de acento, de métrica, de retórica, de estilo. Y está bien que así sea.

Otra cualidad de este libro, de esta llave misteriosa, como bien apuntó el escritor Francisco Robles en la presentación, es la de unir, sin complejos ni prejuicios, lo que suelen llamar alta y baja cultura. Cómo el metro endecasílabo o alejandrino acoge temáticas que se prestan más al verso de arte menor, según el canon, o lo que acostumbra, de la tradición. Versos elegantes, cadenciosos, serenos, sosegados, para una fiesta o un cante en el que se da la tragedia y la alegría, la agitación, en donde cabe el gozo y la tristeza. Traemos, aunque algo extenso, el poema El compás (Chano Lobato), repleto de imágenes de belleza, cuyas palabras tanto evocan: “Hay que llevar el mar metido en los bolsillos, / el Atlántico entero con soles concentrados, / con barcos que no saben si marchan o regresan / e historias de naufragios e islotes prodigiosos. / Hay que tener el alma con escamas, / con escamas de bailas y peces caleteros / y un son de caracolas cantándote al oído. / Hay que tener un sur en cada hueso, / y una pleamar de espuma entre los labios / y un vendaval que a veces se levante / conduciendo al rebaño de las olas / hasta ese malecón de las costillas. / Hay que llevar el mar dentro del nombre / para cantar así y tocar palmas, / y a la vez que una mano recorre el horizonte / -como la atardecida con su jarra de plata- / rociar las estrellas por el cielo de junio”.

Autores del cante se suceden en las páginas del poemario, así como palos del flamenco y anécdotas e historias de personajes míticos de este mundo tan interesante y rico, como Manuel Torre o José Menese, entre otros. Acompañados de la destreza técnica, virtuosismo sin impostura, de Lutgardo García, los poemas de  La llave misteriosa se escriben desde el aserto de un paisano que introdujo a la poesía española en el camino de la modernidad: “Cuando siento, no escribo”. Y es que no se ha escrito desde la afición, o el sentimiento, sino desde el olfato poético, la sensibilidad. Y desde el oído. Desde el buen gusto.

La llave misteriosa (Editorial Renacimiento) de Lutgardo García Díaz, 100 páginas, 14,90 €

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