COPE

Acabamos de llegar de Roma, por tanto será como la sombra que, telón o bambalina –mejor esto último-, decora los cuadros de Caravaggio. Con ese efecto de las obras del pintor se están desarrollando los acontecimientos que deben aclarar, solucionar, el próximo Martes Santo. Mucho de enigma y, al mismo tiempo, como todo buen tenebrismo barroco, claridad: quizá porque no es una sombra que oculta, sino que muestra. Digamos que el retraso de las decisiones, las reuniones aplazadas, el secretismo… lejos de aportar confusión e incertidumbre, dejan evidencias y certezas. La primera es el modo de actuar de este Consejo. Siempre de perfil, acaso ambiguo, demasiado prudente, delegando cada decisión polémica o compleja en el ayuntamiento –CECOP- o en el arzobispado, en las instancias superiores. Ya lo pudimos comprobar en las avalanchas y estampidas de la Madrugada. En cada pregunta al presidente, la respuesta esquiva, evitar en todo caso la posición, el criterio de la institución. El vértigo o respeto de que la declaración no se entienda, o se tergiverse, o se manipule. Mejor el silencio que el error. Es una estrategia de comunicación eficaz, e inteligente; pero gobernar, o administrar, es decidir, y en algún momento, ya sea de palabra o de hecho, tendrán que dar el paso. Por ahora nada de eso. Predomina la respuesta callada, que es el primer desencadenante de las filtraciones y de los rumores; es decir, de una consecuencia contraproducente a sus intereses: si buscan la ausencia de tergiversación, mejor hablar sin tapujos. O sentarse de una vez –con voluntad de determinar una solución, no de aplazar el problema- y asumir que ellos son los que tienen la última palabra, consensuada con el resto, pero no supeditada.

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