COPE

Artículo reciente, publicado en Diario de Sevilla, firma de Carlos Colón –de quien tanto se ha aprendido-, nos habla de lo incompatible que resulta la fotografía en el móvil y la experiencia, el recuerdo, personal respecto de la imagen que uno pretende retratar en el Iphone, en el Samsung, en el Huawei –este si la cosa va de tiesos, es decir, de mí, que para eso soy joven precario y  nazareno de ruán-. Parece que guardar recuerdos en la memoria y en la tarjeta del teléfono móvil son hechos imposibles de simultaneidad, un ejercicio que se escapa a toda lógica: como volar desde, no sé, la Campana; como el don de la ubicuidad; como que el Consejo de Cofradías pague al autor del cartel de nuestra Semana Santa. Cuestiones ajenas, por evidencia empírica, con papeles y estudios serios, a las posibilidades. Yo, por el contrario, aunque soy hombre de fe discreta, creo en que sí es posible disfrutar de un momento cualquiera y grabar con el teléfono la chicotá del paso, y subirla a tu canal de Youtube, a tu cuenta de Instagram, o mandárselo a tu madre –que si nos ponemos sentimentales y melodramáticos está en el hospital y necesita ver esa Imagen que siempre veía contigo en aquella esquina todos los Martes Santos y ya paro que me pongo pregonero- o a la parienta, que anda de Erasmus por media Europa mientras el palio de su padre, que es mayordomo de una cofradía de Sevilla –hay gente muy loca-, se marcha a lo lejos con los últimos sones de la música. Es sencillo: todo es cuestión de darle al play del móvil durante unos minutos en un tiempo limitado, mientras en otros tantos, que suelen ser mayoría, te dedicas a darle al otro play, al de la memoria. O a no estar pendiente de lo que hagan o dejen de hacer los demás con sus móviles, no vaya a ser que pierdas ese momento que para ti es inolvidable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *