COPE

En un asunto difieren tanto el conservador capillita como el indie cofrade: el modo de entender la religiosidad popular. Mientras en el primero ubicamos rechazo de aquello que suena a folclore, cultura popular -casi todo lo que salga del credo oficialista es culto a la sospecha-, en el segundo atisbamos aprobación –y defensa de dogma alternativo- de que esto de la Semana Santa es un “hecho social total”, la sabida definición de Isidoro Moreno, a quien toman por predicador, por profeta, por apóstol de su idea underground de las confesiones locales. El pasado viernes, en la charla, en ese diremos clásico ejercicio de la mesa redonda de la casa hermandad, escuché a quien decía que “todo esto” –hablaba de que cada vez hay más gente en el tramo y menos en el banco de la iglesia- empezó cuando algunos –no especificó quiénes- vieron con buenos ojos lo de “las cofradías se pueden entender desde otros puntos de vista”. Yo intuyo, sin entrar en ese previsible género del indie cofrade, que claro que se puede entender la Semana Santa “desde otros puntos de vista”, como se puede disfrutar de la mezquita Azul de Estambul sin ser musulmán o de un poema renacentista sin haber conocido destierro en Nápoles. Es más: veo conveniente el hecho de que la Semana Santa sea “también” esos “otros puntos de vista”: el ensayo, la pintura, la escritura, la estética. Al igual que esos “otros puntos de vista”  formen parte de “la religiosidad”, pues también la constituyen. De no ser así, de obviar “esos puntos de vista”, nos veremos simples, básicos, superficiales; es decir, como nos ven los amigos que discuten nuestras creencias. Unas creencias que, de un modo algo torpe e integrista, tantos dicen –presumen- defender.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *