COPE

Una reforma a prueba de opinión capillita –que ya es probar-, un tiempo sin duda inesperado –apenas lluvia, incluso ambiente de primavera para penitencia de alérgicos- y unas cuantas anécdotas que han mantenido vivas las conversaciones de los cangrejeros en las delanteras de los pasos, de la gente de hermandad en las barras de los bares, que han contribuido a la broma ingeniosa, viral y moderadamente maligna en los grupos de Whatsapp. La Semana Santa de 2018 ha sido, para casi todos, una sorpresa. Al menos en dos de sus temas de actualidad: el tiempo que se ha disfrutado y el Martes Santo que, preveo, se mantendrá para los años futuros. Del primer asunto, la lluvia, deduzco impresión que celebro: hermandades que abandonan esa ridícula prudencia –asociada a una imagen de cofradía de carácter “serio”- a la hora de poner los pasos en las calles cuando la probabilidad de lluvia es mínima. En esta semana de la Semana ha ganado el criterio de sacar los tramos de nazarenos y, en caso de que venga el agua, cobijar al personal donde sea posible. Porque, menos mal que lo asumimos, el agua no moja la dignidad de una cofradía. El segundo asunto, Martes Santo a la inversa en la carrera oficial, ha sido aprobado por la mayoría aun con algún que otro disenso. Lo cierto es que la idea ha resuelto problemas mayores –los que se pretendían resolver-, aunque ha dejado abiertos otros tantos, leves. Cuestión de solventar errores sobrevenidos y, al igual que estos días, santas pascuas. De solución más complicada, la Madrugá. Noche que sigue copada de túnica de cola con ron del chino y esa tensión de que en cualquier momento algo puede salir mal –como casi sucede, de no ser por la policía y por la admirable calma del escaso personal que esperaba en Reyes Católicos-. Y del resto, lo acostumbrado. Costumbres que, aunque no lleven noticia, suelen ser lo extraordinario.

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