COPE

No se ha inaugurado una de las muchas exposiciones que abundan desde hace años en las salas que van del ayuntamiento a la calle Sierpes. No es de esas exposiciones monocordes, idénticas a las anteriores, cansinas y plagiadas con que nos deleitan –qué verbo más propio- desde hace unos pocos de años. No es de esas exposiciones que no se montan tanto para exponer como para exponerse, no tanto para enseñar como para enseñarse en esa importancia tan cofradiera de ser –creer ser- un don nombre a partir de las ocho de la tarde: la mesa de juntas, el despacho de la secretaría, la foto con los concejales que pretenden concejelear en esos mundos de Dios, en fin, esas cosas. “Pasión según Sevilla” no es la fórmula conocida que alguien descubrió y que todos imitan desde su descubrimiento, sino la muestra –a esto se le puede llamar muestra- que ha organizado la hermandad de Pasión en estos últimos días del mes de mayo. Cuánto se agradece, en un mundo tan estéticamente monótono, la originalidad en la forma y en el contenido. Es cierto que el último ayuda, cómo no. Ahí están las fotos de mi colega Fran Silva, y el trabajo de Daniel Salvador; la historia de la propia cofradía –los Montpensier, gente muy lista y algo complaciente para beneficio propio, y Turina, y los infantes-; ahí está Cayetano González, y Juan de Mesa, y un Martínez Montañés, y Rafael Laffón, y José María Izquierdo, y Luz Casal. Lo que queda, que es mucho, hasta el 3 de junio, domingo, en el ayuntamiento. Un lugar en el que, de vez en cuando, y con obras como esta, se permite la poética del arte entre el prosaísmo de la ordenanza, el pleno municipal, la micropolítica del alcalde que no cuida los baches. Y menos mal.

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