COPE

Mejor será que la calle Sierpes siga con las salidas de emergencias obstruidas, con los espacios taponados, con los propietarios de las sillas convertidos en una única masa, como si aquello fuese un kraken vestido de traje oscuro y falda de la temporada primavera verano de Mango. Mejor será, claro, que la Campana incumpla todos los requisitos de seguridad y que si ocurre desgracia que propicie aglomeración, aquello sea una plaza sin más salida que el caos y el bullicio descontrolado, que siempre es lo idóneo en situaciones de pánico que todos, sin demasiado esfuerzo para la memoria, podemos recordar. Lo mejor en la carrera oficial será que apenas haya posibilidad de mover la pierna y estirar el brazo, pues lo más probable es que nos pisemos con el vecino de dos sillas más allá y, apurando, con las patatas del Big Mac que se está tomando el de enfrente. Lo mejor, lo conveniente, será que hagamos de las esencias, que siempre son falsedades, un argumento racional. Lo mejor será protestar por motivos estéticos, pues todos sabemos que la zona de la Campana, en comparación con el Paseo Colón, es  lugar de una inconfundible personalidad y de una, pongamos cursilada, arrebatadora belleza. Lo mejor, pero es que no hay ni que pensarlo, será que si se tienen que suprimir sillas para cumplir normativa, se supriman, aunque haya posibilidad de que esos usuarios puedan seguir disfrutándolas, con una modificación que ni grave ni costosa ni descabellada. Lo mejor será, es obvio, que todo siga su curso a pesar de que el curso ha cambiado. Lo mejor será esperar, como cantó el gran Julio Iglesias, que la vida siga igual. Esperar sentados, comodones, por supuesto. De toda la vida se ha hecho así.

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