COPE

En esta semana, que en Andalucía es política, el gran Manuel Jesús Roldán nos ilustró en su tuiter con dos fotos de un mismo año, 1917: una, de un altar del Señor de Pasión; otra, un cartel de la propaganda bolchevique. En la iglesia del Salvador de Sevilla se veneraba la idea de Dios mientras que en las fábricas de Petrogrado se iba fabricando, claro, una de las mayores revoluciones de la historia. Que como todas las revoluciones, siempre termina en una sustitución de tiranías: los que mandan ahora, el sanguinario dictador comunista, por los que mandaron antes, el autoritario absolutismo imperial. La Semana Santa de Sevilla convive con la historia política. Porque nada de lo humano le es ajeno; tampoco los siglos, el tiempo, que conoció. El tiempo de los Montpensier en Montserrat, el tiempo de Alfonso XIII en las Cigarreras, el tiempo de la Segunda República en la O, el tiempo del franquismo de Queipo de Llano en la Macarena, el tiempo de Luis Uruñuela en la Hiniesta, etc. La Semana Santa de Sevilla es sedimentación de los diferentes regímenes políticos de la historia contemporánea. Quienes, casi siempre, la usaron para beneficio propio: todo lo que congrega masas seduce, obvias razones, al interés político. Y de ahí que sea absurdo asociar etiquetas políticas a las hermandades por el hecho de que estas hermandades, en algún momento de la historia, tuvieran relación con tal o cual causa política. La Macarena no será franquista por Queipo de Llano del modo en que no es socialdemócrata si Susana Díaz acude el Jueves Santo a saludar a la junta de gobierno. La relación de las cofradías con la política de un tiempo, inevitable; la relación de la política con las cofradías, siempre deseada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *