COPE

Los amigos lectores, que siempre son curiosos, me preguntan por qué hay que leer a Núñez de Herrera, por qué les hablo tanto de Núñez de Herrera. Yo les digo, amigos lectores hispalenses, que si quieren pruebas de la evidencia se vayan a la última edición que David González Romero, José María Rondón y César Rina han preparado para El Paseo, editorial que ofrece catálogo exquisito, editorial que cubre un mercado, hasta hace poco, huérfano: el de los libros, buenos libros, de temática local. Pero antes de que vayan a la librería y echen vistazo al ejemplar, dejo razones, para ir abriendo página, de por qué nos atrae ese autor extremeño que escribió sobre la fiesta de la Semana Santa como ninguno  –como él, ninguno; al menos en su generación-. Antonio Núñez de Herrera retrata la Semana Santa de Sevilla sin la caspa de la ingenuidad costumbrista, sin el pastiche del lenguaje torrijero y la imagen anacrónica; siempre en la descripción original, en el ingenio preciso, en la interesante referencia cultural. En asociación de conceptos que enriquecen perspectiva y contribuyen a comprender la fiesta desde, no sé, disciplinas, artes, que necesitan de un escritor, de un gran escritor, para saberlas llevar al folio en blanco, para saberlas relacionar y que todo tenga sentido, incluso más sentido. Núñez de Herrera, que era periodista de vocación y de estilo y funcionario en sus horas libres, nos habla de una Semana Santa desde el idioma de su tiempo, no desde la imitación previsible ni la pirotecnia de cursis sentimientos ni la mala copia populachera. En él, contra lo que suele ser habitual en esos mundos de dioses localistas –algunos engreídos-, no hay lenguaje muerto. Porque, claro, ya lo dijo en Sevilla: Teoría y realidad de la Semana Santa: aquella es una semana de pasión, no de muerte.

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