COPE

Como soy hombre sin prejuicios, he probado nueva experiencia: me he apuntado a una moda. En concreto, me he apuntado a esa moda de los diez años del cambio, que así se explica: uno recupera aquella perdida –y mejor si es ridícula- foto del 2009, la une y compara a una del 2019 y la sube a Instagram o a Facebook. El propósito de esta novedad, sin embargo, no cambia. Es el propósito de cualquier moda: conseguir la complicidad, la mayor complicidad posible, de tus semejantes. Sentirte, entre tu especie, acogido. Yo también quiero sentirme parte de mi tiempo, y así he decidido comparar los últimos diez años de nuestra Semana Santa. A ver. Hace diez que se hablaba de llevar el pregón a Fibes, que en el teatro de la Maestranza no se cabía y que las entradas eran para los de siempre y que mejor un espacio abierto. Diez años después, seguimos en el tema, en el dilema y en el problema. Más. Hace diez años teníamos una Madrugada de botellón y de carreras en san Pablo. Diez años después, aunque más concienciados y preparados, el asunto sigue ahí, sin más solución que la de encomendarse al incierto “esperemos que no pase nada”. Otra. Hace diez se hablaba de reformar la carrera oficial. Diez años después, tras propuestas, se sigue hablando de la necesidad, de la urgente necesidad, de reformar la carrera oficial. Última. Hace diez años también decíamos que todo hecho fuera de lo habitual era histórico. Diez años después, seguimos en ese dogma. Con la gracia de que de lo histórico, rara vez nos acordamos. Y viendo comparaciones, tampoco de lo habitual.

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