COPE

Hablaba con el fotógrafo Javier Abad y con el historiador del arte José de León de la calidad de los trabajos periodísticos que se publican en la viña de la prensa cofradiera. Suelen decirse que estos han perdido nivel, que ya no son como los de antes, que cómo me vas a comparar la santa ideología mercantilista del clickbait con algunos reportajes de hace unas décadas. Yo creo, y los amigos Abad y de León creen, que no es así. Y sospecho que estamos en lo cierto. El homo capillita abusa de ese trampantojo –barroco, como muchos insisten que somos- que es la nostalgia. Sensación que todo lo enturbia, que todo lo deforma en la trampa de las apariencias. Para el homo capillita, como para la gran Karina o para el poeta Jorge Manrique, cualquier tiempo pasado le parece mejor. Siempre vive en el ayer, en el esto no es como cuando aquí no había nadie, que apenas había gente en la entrada de la cofradía. Pero no es así. La nostalgia es un recurso que nos ayuda a mitigar las decepciones, las inevitables frustraciones pasadas. Pero como casi todo consuelo, suele ser complaciente y engañoso. Las publicaciones que hoy se dan en la prensa cofradiera no merecen menos que las de hace unos años. Lo que ocurre es que siempre, en esta edad de la necesaria atención viral y tuitera, es más productiva la lástima que la celebración. Como esa gente que en las bullas protesta, y en voz alta, para que todos escuchen lo bueno que es él y lo malo que es el otro.

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