COPE

Ahora que Antonio Machado cumple aniversario, una curiosidad: la de su conocido poema, La Saeta. La Saeta es un poema escuchado y conocido, pero no sé si del todo entendido. Como bien indica Antonio Burgos en un artículo publicado en ABC, la Saeta no es un poema folclórico, de cofradías, sino un poema que rechaza, o al menos cuestiona, ese folclore cofradiero. La última estrofa, que no puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero sino al que anduvo en el mar, es clave para comprender el poema, para interpretar su sentido. Aquí Machado prefiere al Dios desprovisto de la tortura de la pasión y de, se entiende, la connotación folclórica y un tanto tribal, que es rasgo de la Semana Santa de Sevilla: sin la estética de la flor, la madera trabajada y los materiales preciosos. La Saeta es un poema que declina la costumbre local, la manera en que Sevilla prepara y manifiesta su Semana Santa. Machado no buscaba el homenaje, el elogio, el reconocimiento entusiasta de cancioncilla pregonera, sino emitir una sutil –y moderada, tampoco es que esto sea un libelo anticlerical- animadversión hacia las tradiciones católicas de Andalucía. Y en todo este contexto, qué curioso, cada vez que una agrupación musical interpreta la Saeta, muchos son los aplausos, venga izquierdo, venga sobre los pies, del público. Un público que está escuchando una interpretación mal interpretada; y que aplaude una letra que cuestiona lo que ellos aplauden. Como si detrás de La Paz nos pusiéramos a cantar La Macarena. Más o menos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *