COPE

Sorprendió a quien veía el pasado sábado el palio de la Virgen de los Ángeles, ya de vuelta de la catedral. Anduvo dando pasos hacia atrás. Constantemente, a lo largo del recorrido. Con el asombro de muchos, varios tuiteros aprovecharon para difundir vídeos de un palio de la Virgen de los Ángeles en los años ochenta con andares de costero a costero, casi a la manera de Cádiz. Últimamente se percibe un regreso a esos años de agrupación musical y de algunos excesos, cuando no excentricidades. La crítica a una etapa de recogimiento y de intimismo, de predominio de lo que los capillitas suelen llamar “místico”, ha resultado ser una vuelta a esos años ochenta. Empieza a no verse con buenos ojos esa contención estética, general contención estética, de la Semana Santa, a la que se acusa de “falta de naturalidad”, como si esos ochenteros andares tan desmedidos fuesen consecuencia de una necesidad espontánea y no de una calculada moda. Moda que, por cierto, quizá por suerte, fracasó. Que un palio tan original y tan de su tiempo como el de la Virgen de los Ángeles caiga en el error de imitar anacronismos que se ponen de moda es una contradicción significativa. Ahí vemos dónde estamos, y a dónde vamos: para atrás, obvio.

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