COPE

Un sobresaliente dominio sobre el color con el que se logran sensaciones, interpretaciones, sugerencias. La pasada semana conocí la obra de David Payán, un interesante artista plástico cuyo nombre conviene seguir. Payán ha llegado adonde no todos llegan: a un lenguaje propio que sabe proponer una ruptura, y al que se le nota el oficio y los propósitos. Payán nos ofrece una propuesta estética con estudiadas intenciones, solvente y madura, que nos deja perplejos en su recreación del Cristo de La Quinta Angustia. Una síntesis de la figuración y de la abstracción, donde el cuerpo de un dios muerto se suspende en un movimiento de colores y de formas, de intensidad; es decir, de dramatismo. Una obra que admite multitud de interpretaciones, abierta a la reflexión. Una obra intelectual de un artista que tanto nos dice, y del que seguiremos, nosotros, diciendo.

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