EN LO CONVENCIONAL, LO EXTRAORDINARIO

Todo cuanto es verdad

Diego Medina Poveda

Ediciones Rialp. Madrid. 2020.

Sigue vigente en el último libro del poeta Diego Medina Poveda (Málaga, 1985) esa frase de Borges con la que define un propósito clave de la literatura: ver el asombro donde otros dicen costumbre. Medina Poveda sabe mirar más allá de lo que habitualmente otros verían, dota al hecho cotidiano de una mirada lúcida, sensible e inteligente.  En Todo cuanto es verdad los sucesos rutinarios y anodinos se convierten en poema, en emoción, en reflexión. Consigue el poeta subvertir, con un tono logrado y uniforme y con palabras bien escogidas, esa realidad que nos acompaña y llevarla a otra realidad. Como si en nuestro día a día se escondiera una verdad que, sin ser visible, nos dijera aún más de lo que la propia verdad factual nos dice.

Accésit del Premio Adonáis de Poesía 2019, Todo cuanto es verdad nos sugiere afinar nuestra observación entre todo aquello que nos ocurre, que nos acompaña en las experiencias, en principio, superficiales, comunes. La vida, influido aquí el poeta de cierta escuela neoplatónica, se desdobla, y conviene atender aquello que en los últimos versos del libro nombra “los instantes transparentes”. En esas transparencias hay una realidad que explica y que alumbra, que señala y que revela. Así en los primeros poemas del libro, como “Ropa limpia”: “Es cíclico el tambor de nuestra espera / -programa corto y mucho suavizante-, / aquí, sentados, con los ojos hechos círculos / vemos llegar con prisa a otro vecino. / Todos somos iguales: / viajeros de espirales cotidianas”. Una lavandería y un vecindario le sirven a Medina Poveda para reflexionar sobre nuestro papel en la sociedad de hoy: desencantada, estresada, nihilista, tan llena de oportunidades y de ocios como de soledad y de apatía.

También en “Cambio de piso” es un hecho convencional el que propicia el poema, de lo irrelevante o lo anecdótico a la trascendencia, por el camino de la expresión lograda y de la palabra precisa. Empieza así: “En todas las mudanzas se nace y resucita”. Hay en el libro ejemplos de esa poesía que no es ni mucho religiosa pero que sí evoca un paisaje o unas imágenes con reminiscencias a lo espiritual, a lo sagrado. También, tan vinculada, a la cultura clásica. “No morirás, prometo, en tu mudanza, / aunque simule el ciclo de los días, / aunque una cicatriz dibuje por tus dedos / las horas que pasaste / arrastrando lo antiguo con lo nuevo, / bautizando un olor que era de nadie / para así darle un nombre, / para que exista un mundo, / que sea vuestro mundo y se haga carne”.

En “Vigorexia” se percibe con aún más nitidez esta idea de recurrir a la cultura clásica occidental -Grecia, Roma- y a algunos ecos elementales de la cultura católica para retratar el paradigma del mundo de hoy. “-Aprovecho, ahora / que coges la toalla y que suspiras- / dime qué hay en la esencia de las máquinas, / si llevan en su centro / una senda virtuosa / que solo un raudo vigoréxico / -asceta de los gyms, / que purga todo el ocio en las mancuernas- / se atreve a caminar iluminado”. Y sigue Diego Medina Poveda en uno de los poemas más interesantes de Todo cuanto es verdad: “Dime, ahora que estás bien hidratado, / ¿creíste tú ganarle al tiempo / por levantar doscientos kilos, / con esa inercia siempre afirmativa / en tu camino, / -pelo de atrezo, y bien hinchado el tórax- / cambiando una verdad por tu apariencia?”. Es una pregunta que nos deja asombrados, perplejos, y que condensa en unos versos siglos de nuestra cultura occidental: desde los estoicos hasta los católicos, llegando a las nuevas formas de redención: los coachs, los gimnasios, el culto al cuerpo.

En la segunda parte del poemario, se suceden poemas que combinan lo descriptivo y lo meditativo. Poemas que oscilan entre la belleza y el pensamiento, la idea y la palabra, elaborados sobre una magnífica musicalidad que seduce los oídos del lector. “El recuerdo es la línea que maquilla el tiempo / con el lápiz de ojos de un instante”. O el prodigioso cierre del último poema del conjunto: “En esta latitud de página vacía / me miro en un cristal lleno de vaho, / deconstruyo mi ser en esas gotas / que caen como escombros del amor / y del lenguaje. / Perdido en los instantes transparentes, / en este punto absurdo del viaje, / se llama soledad la geografía”.

Recuerda Todo cuanto es verdad al estilo de otros recientes Adonáis, premiados y accésits, como Constantino Molina, Lutgardo García Díaz o Sergio Navarro. En esa línea suma este libro que es una propuesta para descifrar las verdades que a veces pasan desapercibidas, y que la poesía reconoce y nombra.

(Publicado en el número 149 de Clarín).

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