GIL DE BIEDMA. CONVERSACIONES.

“Mi poesía es popular siempre y cuando tomemos el término ‘popular’ en un sentido muy restringido, el que expresa la disponibilidad de ser leída con placer por personas que no son habituales lectores de poemas. Lo que ocurre, por otra parte, es que la poesía moderna está concebida para gentes que leen poesía, que también escriben, o para catedráticos. Cosa que sucede también con la pintura. La pintura moderna está hecha para galeristas y coleccionistas. Yo he tenido la suerte, hasta cierto punto, de escapar a esa perversión de la poesía moderna. No es nada recomendable leer un poema con la preocupación o la angustia de si lo vas a entender o no, que es precisamente la actitud que toman los lectores sofisticados, escritores frustrados o catedráticos instalados. Creo que hay que ser absolutamente vulgar para leer poesía.”

-Gil de Biedma. Conversaciones-.

ROMANCE UN CAPILLITA JARTIBLE EN ESTOS MESES DEL VERANO

Se recogieron los corpus,

se guardaron las medallas.

Apenas hay cofradías

estos fines de semana.

Si eso una Virgen del Carmen,

o la Velá de Triana.

¿A qué dedicará el tiempo

nuestro jartible de guardia?

¿Se tomará unas pastillas

para tratarlo con calma?

¿Visitará a su doctor

cuatro veces por semana?

¿Dará un paso más allá

y se apuntará al psiquiatra?

¿Cómo supera la cosa,

cómo gestiona este trauma?

La verdad es que precisa

de la atención sanitaria.

 

La madre lo lleva al médico

tras dos días en la cama,

y el médico le responde,

vestido de bata blanca:

“¿De verdad su niño piensa

que soy de La Candelaria

por atenderles el martes

y vestir blanca la bata?”.

“Quizá un chute de Amarguras,

¡inyéctele de Font de Anta!”

Pero esto no es suficiente,

pero con esto no basta.

“Probemos con Paco Lola,

a ver si anima esa cara,

tararéale una suya,

tararéale una marcha

de esas con mucho fliscorno,

de esas que dice: Qué guapa”.

Nada, que no da resultado,

aquí no funciona nada.

“Yo lo noto muy papucho,

aún tiene la fiebre alta

y unos ojos como zancos

del paso de la Lanzada.

Mira, mira, que parece

que lo llama Ismael Vargas.

-¡Friki! -¡Dime, dime, dime!

-Vámonos otra vez, miarma.”

“No está bien este muchacho,

ponga en Youtube: La Campana,

hermandad de san Benito,

Pilatos, Semana Santa.

Si no se alivia con esto,

por favor, avise sin falta.”

 

Y van pasando los días,

van pasando las semanas,

y el muchacho recupera,

muy cortita la llamada,

sin correr, muy poco a poco,

una vida estable y sana.

Ya pasea por la orilla

casi sin hablar de bandas,

no critica al mayordomo

para luego darle ojana,

y un cuadrito en el quinario,

y palmadas en la espalda.

Ahora todo es bañarse

y mojitos en las calas,

y fotos en Instagram:

#relax #summer #calor #playa.

 

Ya las cosas han menguado,

quizás estén ya curadas,

aunque abra su sombrilla

y piense que es el paraguas

que acompaña al tintinábulo

en esa vara de plata;

aunque coja la bandeja

con el gazpacho y la Fanta

e imagine que es La Cena

transitando por la Alfalfa;

aunque el muchacho confunda

a un helado con la lámpara

del negrito musculoso

del paso de los panacas;

aunque en medio del atasco,

ay, de la N-IV,

nos regale sus izquierdos

con el freno de palanca;

aunque le digas que estamos

inmersos en la campaña,

y haga un símil con la víspera,

con los días que nos faltan…

A pesar de esto, su mente

es normal y equilibrada.

Qué milagro de la ciencia,

qué genialidad la hazaña.

Ya la CIA se ha propuesto

que lo lleven a la NASA.

Y de ahí que venga a vernos,

digamos las cosas claras,

el hombre de este verano.

Su nombre: Barack Obama.

DEBATE A 4

 

El antifranquismo murió cuando se evaporó el búnker del franquismo. Uno de la mano del otro, por mucho que otros que pusieran la misma mano para trincar del régimen ahora la lleven cerrada y erguida en símbolo de no se sabe bien qué dignidad. Similar es lo que ha ocurrido con ese término de la abstracción que llamamos regeneración. La regeneración murió cuando los que la invocan entraron pegando portazos con sus discursos de profeta en el desierto. El concepto se diluyó en las aguas de “los nuevos partidos” y todos, una vez colocados, más o menos, estuvimos satisfechos. Hoy esos todos se debaten en la tele. La tele que, dicho sea de paso, se ha llevado tela, pero tela, con esto del fin del bipartidismo, el gobierno del cambio, el tiempo nuevo y tal y tal. Yo de hecho creo que el único que ha ganado en esta partida, y sin necesidad de pactar con nadie ni pedir “una ronda de contactos” ha sido el share de los programas de televisión, lugar en que se ha esparcido, como en un casino, las fichas del juego. O quizá, del mismo modo, el CIS, del que parece que emanan todos los poderes del Estado. Lo del CIS sí que merece su reforma de la Constitución para la próxima legislatura y no los “temas candentes”, como barruntan los que aspiran a encantados de conocerse. ¿Autonomías? ¿Financiación del Estado? ¡No! El CIS campeador y cierra España.

Debate a cuatro, que suena a película ñoña de cine culto. O de destape, que es lo último que nos pasará en ese plató de televisión. Porque aquí nadie va a enseñar sus vergüenzas. Aquí, a lo sumo, avistaremos el informe prefabricado en los pasillos de los gabinetes, esa lección soltada de carrerilla ante tres periodistas. Más que debate, examen oral; más que charla, mercadillo ambulante. Y no mucho más. Lo que se prometía como el huracán de la España nunca vista, por ahora, solo nos ha dejado un partido moderado y que debe tomar las bases y la dirección de otra oportunidad, como es el PSOE, hecho pedazos y amedrentado por las aves carroñeras de los que hace cinco años se echaron a la calle para protestar contra todo lo que hoy disfrutan; solo nos ha dejado un Partido Popular desgastado y huidizo entre los rescoldos de su mayoría absoluta; solo nos ha dejado una tímida promesa de Kennedy hispánico; solo nos ha dejado la eterna dilación de una campaña, con sus gastos infinitos y demás derroches, que es insólita tanto en tiempo como en forma. Qué mal sientan las expectativas cuando no asiste ni la incertidumbre. Aun así, debatiremos. Qué remedio. Y a cuatro. Como buenos jinetes del Apocalipsis que son.

DE LOS NOMBRES LIBERTAD E IGUALDAD

Semanario patriótico

(XVIII, Jueves, 25 de mayo, 1 de junio, 22 de junio. Sevilla, 1809)

“No hay delirio igual al de confundir la libertad con el desorden. En ningún tiempo gozan de menos libertad los hombres que cuando no reconocen freno alguno. Fínjase un pueblo en que cada cual pudiese obrar según su capricho: los más inicuos, los más fuertes serían de algún modo libres; los buenos, los débiles estarían reducidos a ser sus esclavos. Por eso, de licencia y desenfreno de un pueblo nace infaliblemente la tiranía. Los débiles atemorizados se apresuran a postrarse delante del atrevido que sujeta a la multitud de pequeños tiranos: al volver del pavor que les ha sobrecogido se ven en poder un Napoleón.

La libertad política consiste en que una nación sólo esté sujeta a las leyes que de su grado haya reconocido. Esta libertad general no vive sino a costa de sacrificios de la libertad de cada uno. Se engaña torpemente el que juzgue que los que claman por vivir en un gobierno libre, quieren vivir más a sus anchas. ¿De qué nace que la libertad sea mirada como un milagro en la tierra? ¿Por qué se ha visto el mundo siempre poblado de esclavos? Porque (sea dicho sin escándalo) es más cómodo vivir en un gobierno en que está consolidado el despotismo, que en la república fundada en los principios más libres.

Los individuos de un pueblo que no quieren acercarse al déspota que los domina tranquilamente, los que no ambicionan participar de su mando y sus riquezas, pueden pasar la vida en el ocio y en la indolencia sin temor inmediato de ser vejados en sus personas.”

Blanco White.

 

APUNTES Y OCURRENCIAS

 

La J es una percha para colgar poemas juanrramonianos.

 

*

El aburrimiento es la gasolina de la creatividad.

 

*

 

Editores: palabras mayores.

 

*

 

Juventud: todos cometemos errores.

 

*

 

Ni las que suben ni las que bajan. Con las que tropiezas: esas son mis escaleras.

 

*

 

Ni las que al azar le son del todo cara ni las que le son del todo cruz, esas son las monedas más preciadas.

 

*

 

Qué rápido pasa el tiempo cuando pasamos de él.

EL MIEDO Y LA ESPERANZA

El 26 de junio hay que elegir entre el miedo y la esperanza. Así lo ha afirmado, contundente, Ramón Espinar, nombre que no les sonará demasiado, pero que es, como tantos desconocidos con poderes públicos –algunos incluso mágicos-, representante en una institución mantenida ora et labora gracias a los impuestos del personal, en este caso del Ayuntamiento de Madrid.

A mí que Ramón Espinar me diga qué se elige aquí es algo que me resulta indiferente. Lo sorprendente es que los mismos que se echaran a la calle hace cuatro años declamando contra el bipartidismo vigente nos impongan, ahora, taxativos y creciditos en edad y vanidades, dos alternativas para el voto. ¿Ya no hay reforma de la ley electoral? ¿Ni marcha de la dignidad por un sistema electoral injusto, entre otras soflamas? ¿Ni se rodea el Congreso por la injusticia social del sistema? No: ahora se plantean dos opciones, como el oportunismo de las elecciones manda, que para eso es su dios y su fe. Y lo plantean no porque España lo necesite, sino porque es lo que el argumentario del partido les dicta, y lo que hoy les conviene.

-Pero Ramón Espinar es del PPSOE, ¿no?

-No, amigo, de Podemos.

-¿? Anda ya…

Esto me recuerda al librito de George Orwell, Rebelión en la Granja. Libro que nunca citaran, no vaya a ser que se descubra su condición. En el argumento, unos cerditos se rebelan contra unos despiadados granjeros. Después de aventuras varias, en las últimas escenas del relato, se sientan a la mesa tanto los cerditos revolucionarios como los granjeros opresores. Pero la reunión no son dos frentes abiertos: ambos bandos se han mimetizado, y ni los granjeros son tan humanos ni los cerdos tan animales. La realidad, claro está, ha superado a la ficción.

Entre el miedo y la esperanza, dicen. Dos caminos. Solo dos. ¿Pluralidad? ¿Matices? ¿Rasgos? ¿Perspectivas? ¿Diversidad? ¡Qué me cuenta usted! Esas preguntas solo generan competencia, y esa competencia genera libertades, ¡y esas libertades generan democracia! Aquí los unos son los malos y los otros, nosotros, somos los buenos. Pensamiento de caudillaje en oferta, como los delirios aquellos del dictador y el rollo macabeo del judeomasón. Qué lástima que expulsen a la Filosofía de las academias, como hiciese Platón con los poetas. De no ser así, a mí me huele a nominalismo. El nombre importa más que el hecho, la identidad importa más que el contenido. Por eso a Ramón Espinar no le inquieta la educación ni cualquier debate hondo y relevante: supondría bajar el balón al suelo, y proponer puntos e ideas originales, frescas y delimitadas. A Ramón Espinar le urge el indicarnos que el 26J estamos entre el miedo y la esperanza –que también es curioso el método de esta gente para ofrecer esperanzas, invocando al miedo-. Y poco más.

-Pero Ramón Espinar es del PPSOE, ¿no?

ROMANCE A UN SUPUESTO INTELECTUAL HISPALENSE

Presume de heterodoxo,

de tener la mente abierta,

un hombre cosmopolita:

no sale de la Alameda.

Es transgresor, desclasado,

libre de toda etiqueta,

erudito por citarnos

a Feuerbach y a Kundera.

Es un hombre con criterio,

es un hombre con ideas,

es un libre pensador

que siempre va por su cuenta.

Al hombre nada le influye,

él es origen y meta,

cuando escribe, sienta cátedra;

cuando habla, dicta sentencia.

Él se pone muy solemne,

conoce toda materia,

lo mismo da el urbanismo

que el derecho o las empresas.

Lo mismo da el territorio

que si usted tiene goteras.

Desde su solemne gesto,

su infinita inteligencia,

se pronuncia, diagnostica,

ilumina la caverna.

Su vocablo preferido:

todo lo llama caverna.

Todo lo que no le suene

a su tónica y a su cuerda.

A su tónica con hielo,

y sabor a fruta fresca,

que toma en un velador

mientras narra los problemas

que a la ciudad le suceden

en su NODO y su madeja,

ciudad esta de hilos finos

cosidos entre cien vueltas.

Pero él esto no lo sabe,

o quizá no le interesa,

prefiere otros enemigos

a los que echar los problemas.

Suelen ser las cofradías,

las tradiciones, las fiestas.

Para él todo está enhebrado,

todo es monótono tema.

Él reniega el costumbrismo,

el costumbrismo detesta,

pero luego todo son

artículos en la prensa

que si vaya cómo estamos,

que si esto no hay quien lo entienda.

Como si no hubiese industria

por exceso de cornetas.

¿Que tiene su despropósito

el capilleo y las trompetas?

No le quepa duda alguna.

Duda alguna no le quepa.

Hasta la Local ha dicho

que ya está bien la marea

de pasitos, cofradías,

y todo lo que conlleva.

Pero ellos no son culpables

de todos nuestros problemas.

 

Blanco White se siente el hombre,

libre de toda etiqueta.

Será porque se las pone

a todo el que se le acerca.

En esto sí se parece,

en esto sí se asemeja,

a los carcas, los antiguos

que luego tanto detesta,

al olor a naftalina,

las centurias… noveleras.

 

Mientras unos ven molinos

en sus idas quijotescas,

la ciudad sigue su curso

sin glorias y sin tragedias.

Funcionaria, cotidiana,

anodina, pasajera.

Necesitada de gente

que sí aporte ideas nuevas.

Y echando cierre al negocio,

como ha pasado con Beta.

-¿Betis nos ha dicho usted?

-No: Beta.

–Pues no me suena…

ALBERTO GARZÓN, EL SEGUNDÓN

Creo que no hay nada peor que ser un segundón. O quizá sí: ser un segundón con éxito. Un segundón al que, de repente, toda la atención le es regalada. Algo así le pasa a Alberto Garzón. Todos creímos que la carrera de Garzón, tan joven, había tocado techo, que le pesaba un pasado en el que otros coordinadores generales de su partido promulgaron, como el camarada Alberti, la mano cerrada del idealismo al marcharse y la mano abierta en el Consejo de Administración al dar la bienvenida al acomodo burgués de los despachos. Empezaron aceptando la democracia liberal con Carrillo y terminaron cogiéndole el gustillo a las reuniones en las Cajas de Ahorro. Aun así, tuvieron tiempo de llamar al partido “la casa de los pobres”, según Cayo Lara. Yo a esa O de los pobres le añadiría alguna que otra más. En forma de ceros, claro está; para así conseguir, al menos en apariencia, una arenga más próxima a los vertederos de la realidad.

Alberto Garzón es de esa generación de izquierdas que vivirá sin excesivos apuros gracias a los movimientos sociales, es decir, a las manifestaciones. Y al contribuyente, obvio. Esto ha ocurrido en multitud de etapas de la historia reciente de nuestra democracia, lo de tener la cotización saneada aprovechando que la pancarta pasa por la Carrera de San Jerónimo, digo. Si no que se lo digan en Andalucía a un PSOE que nunca apostó por la autonomía y que, sin comerlo ni beberlo, les ha dado una Moncloa como un Mundial a Felipe González y otra que, tarde o temprano, llegará sinuosa con S de Susana. Cría transiciones, nuevas transiciones, y échate a dormir.

Pero Garzón no deja de ser ese colega al que invitan a las fiestas por guardar las buenas maneras. El amigo del amigo que está un poco de perfil por no hacerle el feo. Lo peor de estas situaciones no es lo marginal, el comprobar que eres un proscrito por decoro, lo peor es cuando crees que eso es el triunfo y te creces y te vienes arriba y empiezas a decir en un mitin que si el capitalismo y la democracia son incompatibles con la vida o que si el fascismo es hijo del neoliberalismo. Eso, en cualquier caso, se lo dejamos a tu socio, Pablo Iglesias. Él sí tiene potestad para decir semejantes disparates: él sí es la dama de honor del insti. Disparates que son gratis, como bien me apuntó Carlos Zúmer en tuiter. El problema es que a nosotros nos salen un poco caros.

Que el capitalismo y la democracia son incompatibles con la vida y que el fascismo es hijo del neoliberalismo son falacias que caen por el propio peso de la Historia. ¿O es que Austria, Francia, Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Estados Unidos… son una especie de astro lejano, incompatible con la existencia? Lo disimulan muy bien, sin duda. En lo del hijo del nieto de tal y cual da hasta pereza demostrar lo contrario. Diremos que Mussolini fue hijo de Bush y echamos el cerrojo al asunto.

Alberto Garzón, el segundón, no acude, por supuesto, adonde se libran los debates de la campaña: a la tele. Ahí va Iglesias, que las tareas decisivas no están hechas para subalternos y becarios del postcomunismo. Un debate, por cierto, del que nada vi hasta esta mañana. Poco me hubiese cambiado el prejuicio que tuve antes de enchufarlo: lo que imaginé es lo que pasó. Señal de que el formato está agotado. Muy trillado. Como esta campaña con sonoridad de prórroga, de últimos minutos. Una campaña que sí que es incompatible con la vida. Por ahora, el desengaño, mayoría absoluta. Menos mal que eran nuevos tiempos.