EL VOTO ÚTIL

Entre la manta del tiempo nuevo y la cabeza del “sorpasso”, habíamos olvidado un concepto con el que tantos se han liado, durante años, y no menos irrisorio: el del voto útil. Parecía que se había olvidado, que los líderes y los portavoces populares y socialistas enterraron esa manera de practicar las dignidades con el trasfondo y las intenciones del cuento de caperucita, que viene el lobo, uh, y al fin desistieron en la estrategia ante los que le iban quitando fuerza en el pastel, cuando éste empezó a estar más repartido que de costumbre. Pero no. Uno escuchó por la radio, como quien oye Rajoy, la lluvia de un discurso ya sonado. Cíclico, por supuesto; moribundo, quizá, pero ahí sigue, como los océanos en los mapamundi y los anuncios de la publicidad en las marquesinas. Uno escuchó a Rajoy apelando al voto útil, como entonan en las tertulias los trovadores del análisis, sin jubón pero tan mercenarios y servidores como de costumbre. En el estrado, el presidente en funciones, llamaba a la sensatez en el noble ejercicio de las libertades civiles y políticas, derecho que es tanto la d de su nombre como el reverso de la b del deber. No aprenden. No aprenden que ese es el camino por el que tantos españoles han mandado al género por el camino del dedo corazón. De montar y de pedalear.
A mí lo del voto útil me suena a hombre del saco, o al coco. A ese temor infantil y simple del mal padre que no tiene más convencimiento que el argumento del suspense para manipular decisiones ajenas. No se puede solicitar la sensatez a las 12:05 y a las 12:06 sacar el doberman a paseo para inducir planteamientos y, casi, coaccionar voluntades. Pero ya lo decimos, no aprenden. Y por el peor de los motivos: porque no les da la gana. Por mucho que Andrea Levy vista de camisa vaquera en los debates, como si fuese a domar el plató o a montarse un bolo en Kapital, o haya una bacanal de deseos y lascivias entre muchachitos sensibles de sus nuevas generaciones. Esto es, endecasílabo quevediano, los tres tiempos del cansancio: un fue, un será y es cansado. O conservado, según se mire.
Lo que es, es, y lo que no es, no es, dijo Parménides de Elea, aunque semejante aserto pudiera ser escrito en las mentes del Beni de Cádiz. Lo que es: un presidente mendigando al voto útil; lo que no es: útil el voto. Porque lo que debiera darnos la utilidad son las propuestas del partido al que dirigimos nuestro derecho en las urnas, y no el voto en sí, que no es más que un papel impreso con letras negras, como el futuro de más de uno, un intermediario de las emociones, las ideologías, las abstenciones y los destinos. No puede ser útil lo que sólo sirve para ser objeto de recados, fugaces, temporales, pasajeros: la utilidad se esfuma con afán de humo o de chocolatina. Pero ahora explícate esto en un panorama en que otras manos, también votantes, teclean desde sus ordenadores insultos y etiquetas de racismo por un vídeo absurdo y anecdótico que nada tiene que ver con la realidad de sus ficciones. Sí, el de Pedro Sánchez, como p de Pilatos, lavando sus manos. Esto se nos va, se nos va de las manos, evidentemente. Pero no de las de Sánchez, sino de las miles de manos demagogas que ven fantasmas donde solo quedan cortinas y trampantojos.
Aquello sí que es, por desgracia, útil para muchos. Lo de ver conductas deplorables donde solo hay casualidad, o ni eso. Y todo por puro interés, por necesidad de jugar sucio para derrocar al adversario, es probable que en su foro interno ni se replanteen el hecho de que Pedro Sánchez esté a la altura de Pol Pot o de Hitler. Esto sí que es útil para muchos, y es lamentable. Y me temo que lo seguirá siendo, útil y lamentable, después de vernos las caras, los votos, el próximo domingo.

ROMANCE A UN TERMÓMETRO DE EL PRADO SAN SEBASTIÁN

Romancéase una vez

estos días de verano

en un parque que no es parque

y que llamamos El Prado.

Un lugar en el que estuvo

hasta los setentaytantos

las casetas de la Feria,

hoy puestas en otro barrio.

Un inhóspito paisaje

en que, creo, no hace tanto

fuimos colmos de vergüenzas

entre algunos catedráticos

y un poquito de políticos

y un mucho de magistrados.

Bibliotecas que perdimos:

renovamos topicazos,

que si la cosa es perder

el cum laude nos llevamos.

Pero bueno, ya pasó,

¿rencor? No me sean malos.

Demasiada ya tenemos

para hurgar en el pasado.

Hoy traemos otros temas

a las ondas de esta radio.

 

Popular, casi famoso,

que sale en los telediarios

-la noticia es asombrosa,

que yo me quedo pasmado,

hace calor en Sevilla

en los meses de verano-

y abren toda cabecera

con los guiris desmayados,

con la piel de los colores

de sus calcetines blancos;

y con los que recomiendan

beber agua a cada rato,

y que eviten las carreras,

y que eviten los gimnasios,

justo después de comer,

entre las dos y las cuatro.

¡Gracias por estos consejos,

quién hubiese adivinado

por sí solo, sin ayudas,

estos consejos tan sabios!

 

Las camisetas de sisas,

pelambreras del sobaco,

los pantalones pirata

con unas chanclas de plástico.

Un elogio del mal gusto,

elogio de lo ordinario,

esas chanclas de la playa

que pisan el suelo urbano.

Los pinreles con más roña

que los huecos de un retablo.

Aquello no lo restaura

ni las gubias de Miñarro.

Lo que tiene que aguantar,

menudo es el escenario,

el que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

Entre bares de La Raza,

mi apoyo a sus empresarios,

y la horrorosa fachada

de las puertas del juzgado,

se alza, ni El Cid con su bronce,

con su lanza y su caballo,

el que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

Es un hombre tan estoico…

qué bien que curra el muchacho.

Todo a jornada completa,

todos los días del año,

y sin cobrar horas extras,

sin cotizar, sin contrato.

Sin escaparse al Oriza

a pegarse un lingotazo.

Cómo nos marca las horas.

Cómo nos marca los grados.

Cuando vuelves de la playa,

los domingos, resignado.

¿Giralda? ¿Torre del Oro?

¿La Fábrica de Tabacos?

Nadie como este termómetro

que nos abre telediarios

y al que todos hacen fotos,

y por guasap van pasando.

Su cabeza tan enorme,

el verde guerra del tallo.

El que está en el candelero:

el que está a cuarenta grados.

El que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

ASALTO AL LENGUAJE

 

Pasadas las “tomas” de posesión llegan las otras “tomas”: las tomaduras de pelo. Estamos discurriendo, hoy día, en este tiempo de abdicaciones y buenas voluntades en los discursos de investidura, por la juventud madura de una democracia treintañera, eso que algunos llaman la segunda transición. Tampoco es para ponerse así. Las medidas que se atisban en los despachos de las instituciones para solventar tanta promesa traducida en decepción por unos y por otros son medidas difusas y vacuas, efervescentes y tímidas en el mejor de los casos y populistas en la mayoría de las ocasiones; medidas que cobijan su intención más en el qué que en el cómo; medidas cuyo interés es el corto plazo de las generales. Lo dicho: llegadas las “tomas” de posesión llegan las otras “tomas”, las tomaduras de pelo. Verán.

En este tiempo nuevo, como algunos ingenuos –o interesados- lo llaman, juega un papel fundamental el uso del lenguaje. En todo cambio de orden social que se precie, cultural o político, el nombre de las cosas es el camino más corto para llegar allí donde la razón se desnuda y nos deja entrever, tras la puerta entornada del convencimiento, el cuerpo virgen de las ideologías. La ideología es la ceguera del raciocinio. Y en esa ceguera, buscada y pretendida por aquellos que ansían el poder, el lenguaje toma un pulso vital.

Lo que ahora llaman las candidaturas de unidad popular–hasta ayer marginales – de hoy, en absoluto distantes de sus predecesores en el siglo XX, han entendido muy bien la estrategia de esta retórica populista que no apela al raciocinio sino al sentimentalismo. Herederos de los movimientos de masas –desde el nacionalismo al peronismo-, de la política como confrontación de un enemigo, han asaltado, si no el cielo, sí el lenguaje: el fértil terreno de la manipulación. Se han apropiado de conceptos como “empoderamiento” o “transversalismo” o “gobierno de la gente” para convertir la legitimidad de sus votantes en un derecho absoluto e inalienable, en un dogma indiscutible.  Por esta inquietante senda ya han tomado el poder. Sólo espero que al menos, en un futuro próximo, no nos sigan tomando por tontos.

(23-06-2015)

GIL DE BIEDMA. CONVERSACIONES.

“Mi poesía es popular siempre y cuando tomemos el término ‘popular’ en un sentido muy restringido, el que expresa la disponibilidad de ser leída con placer por personas que no son habituales lectores de poemas. Lo que ocurre, por otra parte, es que la poesía moderna está concebida para gentes que leen poesía, que también escriben, o para catedráticos. Cosa que sucede también con la pintura. La pintura moderna está hecha para galeristas y coleccionistas. Yo he tenido la suerte, hasta cierto punto, de escapar a esa perversión de la poesía moderna. No es nada recomendable leer un poema con la preocupación o la angustia de si lo vas a entender o no, que es precisamente la actitud que toman los lectores sofisticados, escritores frustrados o catedráticos instalados. Creo que hay que ser absolutamente vulgar para leer poesía.”

-Gil de Biedma. Conversaciones-.

ROMANCE UN CAPILLITA JARTIBLE EN ESTOS MESES DEL VERANO

Se recogieron los corpus,

se guardaron las medallas.

Apenas hay cofradías

estos fines de semana.

Si eso una Virgen del Carmen,

o la Velá de Triana.

¿A qué dedicará el tiempo

nuestro jartible de guardia?

¿Se tomará unas pastillas

para tratarlo con calma?

¿Visitará a su doctor

cuatro veces por semana?

¿Dará un paso más allá

y se apuntará al psiquiatra?

¿Cómo supera la cosa,

cómo gestiona este trauma?

La verdad es que precisa

de la atención sanitaria.

 

La madre lo lleva al médico

tras dos días en la cama,

y el médico le responde,

vestido de bata blanca:

“¿De verdad su niño piensa

que soy de La Candelaria

por atenderles el martes

y vestir blanca la bata?”.

“Quizá un chute de Amarguras,

¡inyéctele de Font de Anta!”

Pero esto no es suficiente,

pero con esto no basta.

“Probemos con Paco Lola,

a ver si anima esa cara,

tararéale una suya,

tararéale una marcha

de esas con mucho fliscorno,

de esas que dice: Qué guapa”.

Nada, que no da resultado,

aquí no funciona nada.

“Yo lo noto muy papucho,

aún tiene la fiebre alta

y unos ojos como zancos

del paso de la Lanzada.

Mira, mira, que parece

que lo llama Ismael Vargas.

-¡Friki! -¡Dime, dime, dime!

-Vámonos otra vez, miarma.”

“No está bien este muchacho,

ponga en Youtube: La Campana,

hermandad de san Benito,

Pilatos, Semana Santa.

Si no se alivia con esto,

por favor, avise sin falta.”

 

Y van pasando los días,

van pasando las semanas,

y el muchacho recupera,

muy cortita la llamada,

sin correr, muy poco a poco,

una vida estable y sana.

Ya pasea por la orilla

casi sin hablar de bandas,

no critica al mayordomo

para luego darle ojana,

y un cuadrito en el quinario,

y palmadas en la espalda.

Ahora todo es bañarse

y mojitos en las calas,

y fotos en Instagram:

#relax #summer #calor #playa.

 

Ya las cosas han menguado,

quizás estén ya curadas,

aunque abra su sombrilla

y piense que es el paraguas

que acompaña al tintinábulo

en esa vara de plata;

aunque coja la bandeja

con el gazpacho y la Fanta

e imagine que es La Cena

transitando por la Alfalfa;

aunque el muchacho confunda

a un helado con la lámpara

del negrito musculoso

del paso de los panacas;

aunque en medio del atasco,

ay, de la N-IV,

nos regale sus izquierdos

con el freno de palanca;

aunque le digas que estamos

inmersos en la campaña,

y haga un símil con la víspera,

con los días que nos faltan…

A pesar de esto, su mente

es normal y equilibrada.

Qué milagro de la ciencia,

qué genialidad la hazaña.

Ya la CIA se ha propuesto

que lo lleven a la NASA.

Y de ahí que venga a vernos,

digamos las cosas claras,

el hombre de este verano.

Su nombre: Barack Obama.

DEBATE A 4

 

El antifranquismo murió cuando se evaporó el búnker del franquismo. Uno de la mano del otro, por mucho que otros que pusieran la misma mano para trincar del régimen ahora la lleven cerrada y erguida en símbolo de no se sabe bien qué dignidad. Similar es lo que ha ocurrido con ese término de la abstracción que llamamos regeneración. La regeneración murió cuando los que la invocan entraron pegando portazos con sus discursos de profeta en el desierto. El concepto se diluyó en las aguas de “los nuevos partidos” y todos, una vez colocados, más o menos, estuvimos satisfechos. Hoy esos todos se debaten en la tele. La tele que, dicho sea de paso, se ha llevado tela, pero tela, con esto del fin del bipartidismo, el gobierno del cambio, el tiempo nuevo y tal y tal. Yo de hecho creo que el único que ha ganado en esta partida, y sin necesidad de pactar con nadie ni pedir “una ronda de contactos” ha sido el share de los programas de televisión, lugar en que se ha esparcido, como en un casino, las fichas del juego. O quizá, del mismo modo, el CIS, del que parece que emanan todos los poderes del Estado. Lo del CIS sí que merece su reforma de la Constitución para la próxima legislatura y no los “temas candentes”, como barruntan los que aspiran a encantados de conocerse. ¿Autonomías? ¿Financiación del Estado? ¡No! El CIS campeador y cierra España.

Debate a cuatro, que suena a película ñoña de cine culto. O de destape, que es lo último que nos pasará en ese plató de televisión. Porque aquí nadie va a enseñar sus vergüenzas. Aquí, a lo sumo, avistaremos el informe prefabricado en los pasillos de los gabinetes, esa lección soltada de carrerilla ante tres periodistas. Más que debate, examen oral; más que charla, mercadillo ambulante. Y no mucho más. Lo que se prometía como el huracán de la España nunca vista, por ahora, solo nos ha dejado un partido moderado y que debe tomar las bases y la dirección de otra oportunidad, como es el PSOE, hecho pedazos y amedrentado por las aves carroñeras de los que hace cinco años se echaron a la calle para protestar contra todo lo que hoy disfrutan; solo nos ha dejado un Partido Popular desgastado y huidizo entre los rescoldos de su mayoría absoluta; solo nos ha dejado una tímida promesa de Kennedy hispánico; solo nos ha dejado la eterna dilación de una campaña, con sus gastos infinitos y demás derroches, que es insólita tanto en tiempo como en forma. Qué mal sientan las expectativas cuando no asiste ni la incertidumbre. Aun así, debatiremos. Qué remedio. Y a cuatro. Como buenos jinetes del Apocalipsis que son.

DE LOS NOMBRES LIBERTAD E IGUALDAD

Semanario patriótico

(XVIII, Jueves, 25 de mayo, 1 de junio, 22 de junio. Sevilla, 1809)

“No hay delirio igual al de confundir la libertad con el desorden. En ningún tiempo gozan de menos libertad los hombres que cuando no reconocen freno alguno. Fínjase un pueblo en que cada cual pudiese obrar según su capricho: los más inicuos, los más fuertes serían de algún modo libres; los buenos, los débiles estarían reducidos a ser sus esclavos. Por eso, de licencia y desenfreno de un pueblo nace infaliblemente la tiranía. Los débiles atemorizados se apresuran a postrarse delante del atrevido que sujeta a la multitud de pequeños tiranos: al volver del pavor que les ha sobrecogido se ven en poder un Napoleón.

La libertad política consiste en que una nación sólo esté sujeta a las leyes que de su grado haya reconocido. Esta libertad general no vive sino a costa de sacrificios de la libertad de cada uno. Se engaña torpemente el que juzgue que los que claman por vivir en un gobierno libre, quieren vivir más a sus anchas. ¿De qué nace que la libertad sea mirada como un milagro en la tierra? ¿Por qué se ha visto el mundo siempre poblado de esclavos? Porque (sea dicho sin escándalo) es más cómodo vivir en un gobierno en que está consolidado el despotismo, que en la república fundada en los principios más libres.

Los individuos de un pueblo que no quieren acercarse al déspota que los domina tranquilamente, los que no ambicionan participar de su mando y sus riquezas, pueden pasar la vida en el ocio y en la indolencia sin temor inmediato de ser vejados en sus personas.”

Blanco White.