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La Fiscalía se pronunció esta semana respecto de las carreras de la Madrugá de 2017: dos años y medio de prisión para los investigados. Como informaba la noticia de ABC de Sevilla, los hechos son calificados de “delito de desórdenes públicos”. Y otro apunte interesante: según la propia Fiscalía, no hay indicios suficientes para decir que la conocida trifulca en el bar de la calle Arfe fuera el epicentro de las carreras en aquella noche. Una valoración que coincide con la postura más razonada en esos días: no defender una conspiración judeomasónica y republicana contra la Semana Santa, pero tampoco sentenciar -qué verbo, por cierto- el débil argumento por el que una discusión en un bar propicia el caos en el centro de Sevilla. Lo importante es que al fin se delimitan hechos e implicados, y que se dan ideas razonadas sobre qué pudo suceder. Nada como saber qué pasa para evitar que pase. Hasta 2017, esta actitud parecía una utopía. Las cosas cambian. Y al fin la esperanza sobre esa noche estará donde tiene que estar: no en el miedo de la bulla, sino en Triana o en La Macarena.

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Son quienes hacen la Semana Santa de Sevilla, y les ha tocado el peor momento. Hablo de los miembros de las juntas de gobierno de las hermandades. Quienes se ven hoy día en cabildos por Zoom y en triduos transmitidos por streaming. Qué imágenes para la memoria y para la historia. Es esta una época convulsa y extraña, donde manda incertidumbre y el no saber ni siquiera si la próxima Semana Santa habrá cofradía en la calle. Y ellos siguen procurando adaptarse a las circunstancias, intentando ofrecer a los hermanos nuevas opciones de hacer hermandad, nuevas alternativas para mantener la vida interna de las cofradías. Una tarea que nunca ha sido fácil. Y menos ahora. Una tarea que quita horas de familia, de amigos, de tiempo de dispersión. Que demuestra una fe sin la cual todo esto sería imposible. Hacer hermandad cuando el hermano queda tan lejos. Qué logro. Vaya este homenaje para esas personas que dedican, en meses tan complicados, vida y obra a su cofradía.

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Ya han salido los primeros memes con la empresa farmacéutica que se supone que nos dará la vacuna contra la covid-19: Pfizer. Hemos visto a los entusiasmados muchachos del Cerro del Águila extasiados ante un edificio de la multinacional, hemos visto un logotipo de la empresa en la portada de la feria de abril, hemos visto todo un senatus con las letras de Pfizer bordadas en su tela. Y no descartamos pregón del entrañable aguador de Alcalá de Guadaíra, Angelito, poeta popular con bastante más saber que muchos que se toman muy en serio lo de los atriles. Yo a Pfizer claro que le daba un sitio en el pregón de la Semana Santa. Rimar rima regular, pero lo sustituimos por pastillas, mantillas y Sevilla y ya tenemos el patio del Lope de Vega en pie. Yo a Pfizer le daba su agrupación parroquial, que cosas más raras se han visto. Y un Demófilo, una calle aledaña a La Campana o algo así. Pfizer nos traerá la Semana Santa, y al cielo con ellos. Que de levantar al cielo, por cierto, ya tienen experiencia.

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A las cofradías en Sevilla les pasa como a la poesía según Bécquer: podrá no haber hermandades en la calle, pero habrá Semana Santa. La Semana Santa de Sevilla es tan consustancial al calendario y vida de su ciudad -o parte- que no es necesario que haya para que haya. Su ausencia material no supone una ausencia, digamos, espiritual. De hecho, parece que sin ella su intensidad resulta aún más viva. Si alguien lo duda, que vaya a la parroquia de San Jacinto a ver a la Virgen de la Estrella, o camine por el puente de Triana y entre en la parroquia de La Magdalena, con la Virgen del Amparo en su altar de triduo. Sin el bullicio de años anteriores, sin la música ni el paso, sin las caras conocidas delante de los ciriales… Fácil vienen a la memoria otros días. Basta con una imagen para nombrarlo todo. Porque por supuesto que, en estos casos, valen más que mil palabras. Incluso que mil imágenes.

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Un sobresaliente dominio sobre el color con el que se logran sensaciones, interpretaciones, sugerencias. La pasada semana conocí la obra de David Payán, un interesante artista plástico cuyo nombre conviene seguir. Payán ha llegado adonde no todos llegan: a un lenguaje propio que sabe proponer una ruptura, y al que se le nota el oficio y los propósitos. Payán nos ofrece una propuesta estética con estudiadas intenciones, solvente y madura, que nos deja perplejos en su recreación del Cristo de La Quinta Angustia. Una síntesis de la figuración y de la abstracción, donde el cuerpo de un dios muerto se suspende en un movimiento de colores y de formas, de intensidad; es decir, de dramatismo. Una obra que admite multitud de interpretaciones, abierta a la reflexión. Una obra intelectual de un artista que tanto nos dice, y del que seguiremos, nosotros, diciendo.

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Ni un solo planteamiento sobre cómo será la Semana Santa de 2021. A 21 de octubre de 2020. Mientras otras ciudades, como Málaga, ya trabajan en un modelo que les pueda servir, en Sevilla aún andamos debatiendo sobre qué es la Semana Santa de Sevilla. Una pregunta quizá demasiado metafísica para unos tiempos que exigen mayor pragmatismo. Enquistados en un complejo y urgente discernimiento, van pasando las semanas, sin ni siquiera saber qué opciones podríamos manejar. Por ahora, parece que lo importante es reflexionar sobre las esencias, los sentidos… Torcer el gesto ante cualquier propuesta que busque una solución con la que celebrar la fiesta en la calle. Recuerdo lo que un día me dijo un hombre lúcido: a los problemas, soluciones, no problemas. Hay quien parece que solo quiere problemas. Que le molesta la Semana Santa en la calle.

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Ante la adversidad o las complicaciones, recuerdo que me sueles decir: “Yo nací en un callejón sin salida”. Me lo dices siempre con un tono irónico que elude cualquier atisbo de autocomplacencia o de gravedad. Es una de las muchas cosas que te admiro: tu fino humor, tan inteligente. Me has enseñado tanto. Eres uno de esos nombres sin lo que ahora estaría en otros asuntos. Para mí siempre serás como Luis Cernuda o Rafael Montesinos, autores que por cierto conocí gracias a ti. Como también conocí a Borges, en esa frase que me determinó: ver el asombro donde otros ven costumbre. O a Kundera. Cuando me enteré de que habías vuelto a escribir en tu periódico -un magistral artículo sobre Jesús del Gran Poder-, yo estaba leyendo otro excelente artículo sobre Kundera. Y entonces volví a entender que hay costumbres que pueden ser asombros. Que yo no estaría ahí sin tus lecciones. De las novelas de Kundera a la creación barroca de Juan de Mesa. El humor para escapar de los callejones sin salida. Del oficio a la vida misma. Gracias por tanto, Paco Robles.

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Su nombre es Elías García y se nos fue a principios del mes de mayo. Historiador, compañero de retransmisiones. Generoso, siempre amable, siempre erudito. Hoy recuerdo y oigo su voz una tarde del Domingo de Ramos, del Viernes Santo, haciendo más cofradía a la cofradía que pasaba por el balcón de la radio en la plaza de La Campana. Oigo a Elías narrando detalle, historia, vida. Contando con exactitud las fechas de esa talla que ahora procesiona en un paso. Dando exquisita sabiduría a la fiesta popular de la Semana Santa, con su micrófono azul de la cadena COPE. Elías García era hermano de la Hermandad de El Museo. Como no podía ser de otra forma en un hombre que todo era didactismo y cultura. Se nos fue a principios del mes de mayo. Cuando hay luces que se vienen intensas y cálidas. Como la luz que ya ve y lo ve. Una luz perpetua que lleva de nombre su Virgen de las Aguas.

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Bien lo comentaba uno de los presentadores de este programa, Mario Daza: una institución, ya sea el arzobispado o el consejo de cofradías, debería preparar un proyecto común para todas las hermandades respecto de las decisiones de sus cultos y de su actividad. La improvisación no suele ser lo aconsejable en complejas situaciones a su vez improvisadas o sobrevenidas. Aun así, en general, las hermandades de Sevilla han reaccionado de manera solvente a la propagación de la pandemia del coronavirus. Y de una forma sosegada y adulta. Como las palabras de Félix Ríos, hermano mayor del Gran Poder, cuya declaración ha sido ejemplo de cordura y de inteligencia. Si se suspende la Semana Santa no es ningún drama personal, y la fecha en el calendario siempre quedará presente. Por ahí hay quien piensa que en las cofradías predomina un ambiente casi tribal y arcaico (la imagen tópica del andaluz bárbaro y exótico). Y nada más lejos de una realidad que nos acompaña y a la que las hermandades le están dando, con muy buen criterio, respuestas.