ROMANCE UN CAPILLITA JARTIBLE EN ESTOS MESES DEL VERANO

Se recogieron los corpus,

se guardaron las medallas.

Apenas hay cofradías

estos fines de semana.

Si eso una Virgen del Carmen,

o la Velá de Triana.

¿A qué dedicará el tiempo

nuestro jartible de guardia?

¿Se tomará unas pastillas

para tratarlo con calma?

¿Visitará a su doctor

cuatro veces por semana?

¿Dará un paso más allá

y se apuntará al psiquiatra?

¿Cómo supera la cosa,

cómo gestiona este trauma?

La verdad es que precisa

de la atención sanitaria.

 

La madre lo lleva al médico

tras dos días en la cama,

y el médico le responde,

vestido de bata blanca:

“¿De verdad su niño piensa

que soy de La Candelaria

por atenderles el martes

y vestir blanca la bata?”.

“Quizá un chute de Amarguras,

¡inyéctele de Font de Anta!”

Pero esto no es suficiente,

pero con esto no basta.

“Probemos con Paco Lola,

a ver si anima esa cara,

tararéale una suya,

tararéale una marcha

de esas con mucho fliscorno,

de esas que dice: Qué guapa”.

Nada, que no da resultado,

aquí no funciona nada.

“Yo lo noto muy papucho,

aún tiene la fiebre alta

y unos ojos como zancos

del paso de la Lanzada.

Mira, mira, que parece

que lo llama Ismael Vargas.

-¡Friki! -¡Dime, dime, dime!

-Vámonos otra vez, miarma.”

“No está bien este muchacho,

ponga en Youtube: La Campana,

hermandad de san Benito,

Pilatos, Semana Santa.

Si no se alivia con esto,

por favor, avise sin falta.”

 

Y van pasando los días,

van pasando las semanas,

y el muchacho recupera,

muy cortita la llamada,

sin correr, muy poco a poco,

una vida estable y sana.

Ya pasea por la orilla

casi sin hablar de bandas,

no critica al mayordomo

para luego darle ojana,

y un cuadrito en el quinario,

y palmadas en la espalda.

Ahora todo es bañarse

y mojitos en las calas,

y fotos en Instagram:

#relax #summer #calor #playa.

 

Ya las cosas han menguado,

quizás estén ya curadas,

aunque abra su sombrilla

y piense que es el paraguas

que acompaña al tintinábulo

en esa vara de plata;

aunque coja la bandeja

con el gazpacho y la Fanta

e imagine que es La Cena

transitando por la Alfalfa;

aunque el muchacho confunda

a un helado con la lámpara

del negrito musculoso

del paso de los panacas;

aunque en medio del atasco,

ay, de la N-IV,

nos regale sus izquierdos

con el freno de palanca;

aunque le digas que estamos

inmersos en la campaña,

y haga un símil con la víspera,

con los días que nos faltan…

A pesar de esto, su mente

es normal y equilibrada.

Qué milagro de la ciencia,

qué genialidad la hazaña.

Ya la CIA se ha propuesto

que lo lleven a la NASA.

Y de ahí que venga a vernos,

digamos las cosas claras,

el hombre de este verano.

Su nombre: Barack Obama.

ROMANCE A UN SUPUESTO INTELECTUAL HISPALENSE

Presume de heterodoxo,

de tener la mente abierta,

un hombre cosmopolita:

no sale de la Alameda.

Es transgresor, desclasado,

libre de toda etiqueta,

erudito por citarnos

a Feuerbach y a Kundera.

Es un hombre con criterio,

es un hombre con ideas,

es un libre pensador

que siempre va por su cuenta.

Al hombre nada le influye,

él es origen y meta,

cuando escribe, sienta cátedra;

cuando habla, dicta sentencia.

Él se pone muy solemne,

conoce toda materia,

lo mismo da el urbanismo

que el derecho o las empresas.

Lo mismo da el territorio

que si usted tiene goteras.

Desde su solemne gesto,

su infinita inteligencia,

se pronuncia, diagnostica,

ilumina la caverna.

Su vocablo preferido:

todo lo llama caverna.

Todo lo que no le suene

a su tónica y a su cuerda.

A su tónica con hielo,

y sabor a fruta fresca,

que toma en un velador

mientras narra los problemas

que a la ciudad le suceden

en su NODO y su madeja,

ciudad esta de hilos finos

cosidos entre cien vueltas.

Pero él esto no lo sabe,

o quizá no le interesa,

prefiere otros enemigos

a los que echar los problemas.

Suelen ser las cofradías,

las tradiciones, las fiestas.

Para él todo está enhebrado,

todo es monótono tema.

Él reniega el costumbrismo,

el costumbrismo detesta,

pero luego todo son

artículos en la prensa

que si vaya cómo estamos,

que si esto no hay quien lo entienda.

Como si no hubiese industria

por exceso de cornetas.

¿Que tiene su despropósito

el capilleo y las trompetas?

No le quepa duda alguna.

Duda alguna no le quepa.

Hasta la Local ha dicho

que ya está bien la marea

de pasitos, cofradías,

y todo lo que conlleva.

Pero ellos no son culpables

de todos nuestros problemas.

 

Blanco White se siente el hombre,

libre de toda etiqueta.

Será porque se las pone

a todo el que se le acerca.

En esto sí se parece,

en esto sí se asemeja,

a los carcas, los antiguos

que luego tanto detesta,

al olor a naftalina,

las centurias… noveleras.

 

Mientras unos ven molinos

en sus idas quijotescas,

la ciudad sigue su curso

sin glorias y sin tragedias.

Funcionaria, cotidiana,

anodina, pasajera.

Necesitada de gente

que sí aporte ideas nuevas.

Y echando cierre al negocio,

como ha pasado con Beta.

-¿Betis nos ha dicho usted?

-No: Beta.

–Pues no me suena…