ROMANCE A LA CALLE IMAGEN

Estas horas pegajosas

de los días del verano

en que todo es abanico

y flatito del gazpacho,

y goles de la Eurocopa,

todo sopor y cansancio.

Estas horas sudorosas,

de espera al americano,

yes, el de la Casa Blanca

y oval, curvo, el despacho,

son horas, perdón Almansa,

de tortillón y desmayo,

que no queda más remedio

para pasar el mal trago.

 

La Sevilla solitaria

de los meses del verano

no tiene literatura,

divagaciones o ensayos,

o artículos en la prensa,

entrevistas, poemarios.

No tiene a Chaves Nogales

ni a Manuel Sánchez del Arco.

La Sevilla solitaria

de los meses del verano,

en las anchas avenidas

en donde pega el solano

lindando lo delictivo,

un calor de asesinato.

Pero si pesan calores,

si es este calor pesado,

qué decir del que te insiste

del calor que está pasando.

Y en medio de esta calima,

salve aire acondicionado,

quien va a morir te saluda

cuando el reloj dé las cuatro

y sea Sevilla envidia

del continente africano.

¿Angola, Sudán, Uganda,

Sáhara, Burkina Faso?

No: Viapol o la Buhaira

cuando dan cuarenta grados.

Se van de estas avenidas

las placas de los notarios,

y las placas de los médicos,

y las de los abogados.

Por quedar casi ni quedan

los granitos del asfalto,

los pasos de peatones

y las señales de tráfico.

Yo discurro en avenidas

cuyo fin es un milagro.

Salvarlas, cruzarlas, digo,

sobrevivir a sus pasos,

los inmensos horizontes

que nos tienen reservados.

Pero entre todas aquellas,

una yo debo entregaros.

 

Una de entre todas ellas

es la que, sin duda, salvo,

la avenida más horrenda

de cuantas habrás pisado.

Os digo la calle Imagen,

ya lo habrán adivinado.

 

Esas fachadas grisáceas

entre comercios y bancos.

Fachadas de un siglo XX

que trajo todo lo malo

que pudiera aquí traerse,

lo que nunca imaginamos.

Los maletines de cuero,

los pitidos, los atascos,

ese rumor de las prisas,

los vencimientos y plazos.

Una calle nihilista,

si le tiramos por lo alto.

Esta Sevilla de nada

de los meses del verano.

La ciudad de indiferencia,

ciudad de hormigón armado,

industrial y posmoderna,

de vencimientos y plazos,

rutina sin más mayores

que este calor tan pesado.

Y horrendo como la Imagen

que pronuncio con mis labios.

Y horrendo como la Imagen

de estos cielos tan grisáceos.

ROMANCE-TRIBUTO AL PERIODISMO LOCAL

Pues no seremos nosotros

ni la tinta de estas letras

los que demos soluciones

al porqué de este problema.

No busquen varitas mágicas

al hueco de mi chaqueta.

No tengo trucos ni nada

prodigioso en la cabeza,

no sé qué final aguarda

ni qué tiempos nos esperan.

Por no tener yo no tengo

ni muy claras las ideas.

Sólo traigo estas palabras

que ruedan sobre una mesa

cada martes en la radio,

en COPE, para más señas.

Sólo palabras. Minúsculas,

diminutas y pequeñas;

insignificantes, pobres,

delicadas, pasajeras.

Mas lo único que nos une,

y lo único que nos lleva

de la mano en este oficio

que se sabe a puño y tecla.

Con ellas, con las palabras,

que la unión hace la fuerza,

os fabrico este tributo,

este elogio y reverencia.

 

Cuántos quieren funerales,

cuántos brindan las exequias,

esos que abrieron portadas:

los golfos y sinvergüenzas

que en otros años felices,

que en otros meses, otra época,

en que todo era derroche,

en la que todo era fiesta,

robaban ante los ojos

de los que ahora protestan,

los que se ponen medallas

de honradez y de decencia,

los regeneracionistas

del a ver si así me cuelan

en el gabinete de turno,

cerca de la presidenta.

Cuando todo fue silencio,

la callada por respuesta,

y el sabes qué es de lo mío,

del interés, conveniencia,

estaba vuestro trabajo

vuestras horas y paciencias,

investigando, siguiendo,

golpe a golpe, corruptelas.

Que nadie se olvide de esto…

Si es que alguno lo recuerda.

 

El periodismo local,

milagro, vocación, épica,

un trocito de papel

hundido de letra negra

y que tanto se parece

a lo que llaman belleza.

Plenos, cultura, sucesos,

verdades y confidencias,

el levantar, con sigilo,

sin suscitar la sospecha,

lo que próximo te esconden

y nadie quiere que veas;

ofrecer las libertades

para saciar tu conciencia

de crítica y pensamiento,

dos caras de una moneda

que nunca se devalúa,

que nunca pierde riqueza.

 

Lo que cantó ese paisano

que nació en la calle Dueñas,

eso de que vais conmigo,

que mi corazón os lleva,

quiero dejarlo aquí mismo,

posado en estas frecuencias.

Y el final de este romance,

este final que se acerca,

y al que le pongo por punto

la p de, claro, la prensa,

la p de este periodismo

que nadie hará que se muera.

ROMANCE A UN TERMÓMETRO DE EL PRADO SAN SEBASTIÁN

Romancéase una vez

estos días de verano

en un parque que no es parque

y que llamamos El Prado.

Un lugar en el que estuvo

hasta los setentaytantos

las casetas de la Feria,

hoy puestas en otro barrio.

Un inhóspito paisaje

en que, creo, no hace tanto

fuimos colmos de vergüenzas

entre algunos catedráticos

y un poquito de políticos

y un mucho de magistrados.

Bibliotecas que perdimos:

renovamos topicazos,

que si la cosa es perder

el cum laude nos llevamos.

Pero bueno, ya pasó,

¿rencor? No me sean malos.

Demasiada ya tenemos

para hurgar en el pasado.

Hoy traemos otros temas

a las ondas de esta radio.

 

Popular, casi famoso,

que sale en los telediarios

-la noticia es asombrosa,

que yo me quedo pasmado,

hace calor en Sevilla

en los meses de verano-

y abren toda cabecera

con los guiris desmayados,

con la piel de los colores

de sus calcetines blancos;

y con los que recomiendan

beber agua a cada rato,

y que eviten las carreras,

y que eviten los gimnasios,

justo después de comer,

entre las dos y las cuatro.

¡Gracias por estos consejos,

quién hubiese adivinado

por sí solo, sin ayudas,

estos consejos tan sabios!

 

Las camisetas de sisas,

pelambreras del sobaco,

los pantalones pirata

con unas chanclas de plástico.

Un elogio del mal gusto,

elogio de lo ordinario,

esas chanclas de la playa

que pisan el suelo urbano.

Los pinreles con más roña

que los huecos de un retablo.

Aquello no lo restaura

ni las gubias de Miñarro.

Lo que tiene que aguantar,

menudo es el escenario,

el que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

Entre bares de La Raza,

mi apoyo a sus empresarios,

y la horrorosa fachada

de las puertas del juzgado,

se alza, ni El Cid con su bronce,

con su lanza y su caballo,

el que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

Es un hombre tan estoico…

qué bien que curra el muchacho.

Todo a jornada completa,

todos los días del año,

y sin cobrar horas extras,

sin cotizar, sin contrato.

Sin escaparse al Oriza

a pegarse un lingotazo.

Cómo nos marca las horas.

Cómo nos marca los grados.

Cuando vuelves de la playa,

los domingos, resignado.

¿Giralda? ¿Torre del Oro?

¿La Fábrica de Tabacos?

Nadie como este termómetro

que nos abre telediarios

y al que todos hacen fotos,

y por guasap van pasando.

Su cabeza tan enorme,

el verde guerra del tallo.

El que está en el candelero:

el que está a cuarenta grados.

El que es hoy protagonista:

¡el termómetro de El Prado!

 

ROMANCE UN CAPILLITA JARTIBLE EN ESTOS MESES DEL VERANO

Se recogieron los corpus,

se guardaron las medallas.

Apenas hay cofradías

estos fines de semana.

Si eso una Virgen del Carmen,

o la Velá de Triana.

¿A qué dedicará el tiempo

nuestro jartible de guardia?

¿Se tomará unas pastillas

para tratarlo con calma?

¿Visitará a su doctor

cuatro veces por semana?

¿Dará un paso más allá

y se apuntará al psiquiatra?

¿Cómo supera la cosa,

cómo gestiona este trauma?

La verdad es que precisa

de la atención sanitaria.

 

La madre lo lleva al médico

tras dos días en la cama,

y el médico le responde,

vestido de bata blanca:

“¿De verdad su niño piensa

que soy de La Candelaria

por atenderles el martes

y vestir blanca la bata?”.

“Quizá un chute de Amarguras,

¡inyéctele de Font de Anta!”

Pero esto no es suficiente,

pero con esto no basta.

“Probemos con Paco Lola,

a ver si anima esa cara,

tararéale una suya,

tararéale una marcha

de esas con mucho fliscorno,

de esas que dice: Qué guapa”.

Nada, que no da resultado,

aquí no funciona nada.

“Yo lo noto muy papucho,

aún tiene la fiebre alta

y unos ojos como zancos

del paso de la Lanzada.

Mira, mira, que parece

que lo llama Ismael Vargas.

-¡Friki! -¡Dime, dime, dime!

-Vámonos otra vez, miarma.”

“No está bien este muchacho,

ponga en Youtube: La Campana,

hermandad de san Benito,

Pilatos, Semana Santa.

Si no se alivia con esto,

por favor, avise sin falta.”

 

Y van pasando los días,

van pasando las semanas,

y el muchacho recupera,

muy cortita la llamada,

sin correr, muy poco a poco,

una vida estable y sana.

Ya pasea por la orilla

casi sin hablar de bandas,

no critica al mayordomo

para luego darle ojana,

y un cuadrito en el quinario,

y palmadas en la espalda.

Ahora todo es bañarse

y mojitos en las calas,

y fotos en Instagram:

#relax #summer #calor #playa.

 

Ya las cosas han menguado,

quizás estén ya curadas,

aunque abra su sombrilla

y piense que es el paraguas

que acompaña al tintinábulo

en esa vara de plata;

aunque coja la bandeja

con el gazpacho y la Fanta

e imagine que es La Cena

transitando por la Alfalfa;

aunque el muchacho confunda

a un helado con la lámpara

del negrito musculoso

del paso de los panacas;

aunque en medio del atasco,

ay, de la N-IV,

nos regale sus izquierdos

con el freno de palanca;

aunque le digas que estamos

inmersos en la campaña,

y haga un símil con la víspera,

con los días que nos faltan…

A pesar de esto, su mente

es normal y equilibrada.

Qué milagro de la ciencia,

qué genialidad la hazaña.

Ya la CIA se ha propuesto

que lo lleven a la NASA.

Y de ahí que venga a vernos,

digamos las cosas claras,

el hombre de este verano.

Su nombre: Barack Obama.

ROMANCE A UN SUPUESTO INTELECTUAL HISPALENSE

Presume de heterodoxo,

de tener la mente abierta,

un hombre cosmopolita:

no sale de la Alameda.

Es transgresor, desclasado,

libre de toda etiqueta,

erudito por citarnos

a Feuerbach y a Kundera.

Es un hombre con criterio,

es un hombre con ideas,

es un libre pensador

que siempre va por su cuenta.

Al hombre nada le influye,

él es origen y meta,

cuando escribe, sienta cátedra;

cuando habla, dicta sentencia.

Él se pone muy solemne,

conoce toda materia,

lo mismo da el urbanismo

que el derecho o las empresas.

Lo mismo da el territorio

que si usted tiene goteras.

Desde su solemne gesto,

su infinita inteligencia,

se pronuncia, diagnostica,

ilumina la caverna.

Su vocablo preferido:

todo lo llama caverna.

Todo lo que no le suene

a su tónica y a su cuerda.

A su tónica con hielo,

y sabor a fruta fresca,

que toma en un velador

mientras narra los problemas

que a la ciudad le suceden

en su NODO y su madeja,

ciudad esta de hilos finos

cosidos entre cien vueltas.

Pero él esto no lo sabe,

o quizá no le interesa,

prefiere otros enemigos

a los que echar los problemas.

Suelen ser las cofradías,

las tradiciones, las fiestas.

Para él todo está enhebrado,

todo es monótono tema.

Él reniega el costumbrismo,

el costumbrismo detesta,

pero luego todo son

artículos en la prensa

que si vaya cómo estamos,

que si esto no hay quien lo entienda.

Como si no hubiese industria

por exceso de cornetas.

¿Que tiene su despropósito

el capilleo y las trompetas?

No le quepa duda alguna.

Duda alguna no le quepa.

Hasta la Local ha dicho

que ya está bien la marea

de pasitos, cofradías,

y todo lo que conlleva.

Pero ellos no son culpables

de todos nuestros problemas.

 

Blanco White se siente el hombre,

libre de toda etiqueta.

Será porque se las pone

a todo el que se le acerca.

En esto sí se parece,

en esto sí se asemeja,

a los carcas, los antiguos

que luego tanto detesta,

al olor a naftalina,

las centurias… noveleras.

 

Mientras unos ven molinos

en sus idas quijotescas,

la ciudad sigue su curso

sin glorias y sin tragedias.

Funcionaria, cotidiana,

anodina, pasajera.

Necesitada de gente

que sí aporte ideas nuevas.

Y echando cierre al negocio,

como ha pasado con Beta.

-¿Betis nos ha dicho usted?

-No: Beta.

–Pues no me suena…