El 27 J

Es la politología la ciencia de los videntes. La aritmética del 803 y de las pitonisas. Y así, con esos pronósticos como de bola de cristal, de curandero por la vía de la sociología y del doctorado, casi ni aciertan en los candidatos que presentan los partidos, huy, por poco, al palo. Esto demuestra, por enésima vez en quince meses, cuatro elecciones pasadas entre las autonomías, los municipios y las generales, una conclusión que se desprendía del propio peso del raciocinio: el CIS no es la soberanía de los españoles. Y me alegro que al fin, poco a poco, suavecito, que esto sí que está costando sudores y reflexiones, y no al regeneración mainstream que con los brazos abiertos nos espera, nos demos cuenta de aquella circunstancia.

El Pepé ha ganado las elecciones, que no solo le han copiado a la amalgama de Unidos Podemos cánticos de catequesis y de gradas de gol sur, sino también la mayoría social que algunos se echaron a las espaldas como si hubiese palabras, conceptos, que por el simple hecho de existir, les perteneciesen. Las caras lo decían todo, como sé de buena fe que habrán comprobado. La mueca de un país, con guasa marca de la casa tuitera. Lo que más me sorprende, sin duda, es que aún no hayan ganado en las urnas lo que sí fue victoria en las calles. Tienen en su poder la manipulación de un discurso que, gracias al contexto de la crisis, su verdadero aliado en las campañas, le ha venido regalado; tienen la vanguardia de los despachos –de los despechos- y de las cátedras de las universidades en su erudita y grasienta cabeza; tienen la atención servicial de las teles y de los medios; tienen la favorable dirección de las redes sociales; tienen los poemas y las canciones casposas y cursis de Benedetti y de Paco Ibáñez para cerrar los mitines; tienen el voto de una población tan joven como algo iletrada y muy ingenua. ¡Lo tienen todo para ganar en esta España tan conservadora y esteticista en el voto, en donde siempre prevalece la simplicidad del valor de la identidad a la complicación de ahuyentar los sesgos tras las señas del razonamiento, de darle un poco al coco, al análisis! Y que no hay manera, ni así son capaces de arañar simpatizantes. Manera tampoco se advierte en un PSOE que celebra el cataclismo, con una pátina de orquesta del Titanic que causa estupor, misericordia, ternura y grima a partes iguales. Algo así como la dentadura de Margarita Robles. Y hablando de dientes, que es lo que les jode, pantojilmente hablando, un Rivera, no Kiko sino Albert, que parecía aún estar en una arenga de la campaña y propuso reformar la Ley Electoral, que la efusividad en los discursos suele ser de barra libre. De la Ley Electoral no se ha dicho absolutamente nada en estos meses de invierno, primavera y primeros del verano, tema enterrado en el nicho profundo de los intereses partidistas, pero ahora Albert, ahora Albert, se ha planteado la posibilidad de toquetear esa farragosa compilación de palabrería para juristas con vocación de arqueólogos por el plan de Indiana Jones.

En la tele se sentó Javier Nart, lúcido y sentencioso, cabalgante, a lomos de una sensatez mimetizada con su cabello: frondosa y casi transparente. De melenas casi mitológicas, paso de Diana cazadora o de Dionisio en el after, también estuvo el bipartidismo presente. Un bipartidismo que, visto con los dos dedos  de la frente, no ha muerto. Un bipartidismo que nunca murió, obvio, que tan sólo se fragmentó en cuatro partidos, sí, pero que daban dos bloques, o dos golpes, de ciego, según se mire. Y en el punto del ni frío ni calor de la noche, esos felices y desinhibidos individuos en las sedes de los partidos, cantando, bebiendo y celebrando, tan parecidos a los de los matasuegras y los gorritos de purpurina en Fin de Año. ¿Tendrán derechos políticos? Lo suponemos. Lo suponemos tanto como esta España, como esta noche que se estudiará en las universidades.

-¿En las de Historia?

-No, amigo mío, en las de Psicología.

SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA

Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fratemos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica, de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismánica, pura, rïente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!

Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba
o a perpetuo presidio condenasteis al noble entusiasmo,
ya veréis al salir del sol en un triunfo de liras,
mientras dos continentes, abonados de huesos gloriosos,
del Hércules antiguo la gran sombra soberbia evocando,
digan al orbe: la alta virtud resucita
que a la hispana progenie hizo dueña de siglos.

Abominad la boca que predice desgracias eternas,
abominad los ojos que ven sólo zodíacos funestos,
abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres,
o que la tea empuñan o la daga suicida.
Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo,
la inminencia de algo fatal hoy conmueve la Tierra;
fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas,
y algo se inicia como vasto social cataclismo
sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas
no despiertan entonces en el tronco del roble gigante
bajo el cual se exprimió la ubre de la loba romana?
¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos
y que el alma española juzgase áptera y ciega y tullida?
No es Babilonia ni Nínive enterrada en olvido y en polvo,
ni entre momias y piedras reina que habita el sepulcro,
la nación generosa, coronada de orgullo inmarchito,
que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas,
ni la que tras los mares en que yace sepultada la Atlántida,
tiene su coro de vástagos altos, robustos y fuertes.

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente
que regará lenguas de fuego en esa epifanía.
Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros
y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora,
así los manes heroicos de los primitivos abuelos,
de los egregios padres que abrieron el surco pristino,
sientan los soplos agrarios de primaverales retornos
y el amor de espigas que inició la labor triptolémica.

Un continente y otro renovando las viejas prosapias,
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.

La latina estirpe verá la gran alba futura:
en un trueno de música gloriosa, millones de labios
saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente,
Oriente augusto, en donde todo lo cambia y renueva
la eternidad de Dios, la actividad infinita.
Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros.
¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!

Rubén Darío, 1905.

LA VIDA Y ALGO MÁS: OVIEDO Y GIJÓN

La próxima semana presentaremos La vida y algo más en Oviedo y en Gijón, patria querida de jóvenes poetas, de buenos jóvenes poetas. Sí, sé que no es novedad, sé que no es una publicación reciente, pero mi amigo Mario Vega me ofreció cama y literatura en la pasada edición de la Feria del Libro de Sevilla. Y yo a los amigos no les puedo decir que no.

Más información:

La vida y algo más (Oviedo)_01

La vida y algo más (Gijón)_01

EL VOTO ÚTIL

Entre la manta del tiempo nuevo y la cabeza del “sorpasso”, habíamos olvidado un concepto con el que tantos se han liado, durante años, y no menos irrisorio: el del voto útil. Parecía que se había olvidado, que los líderes y los portavoces populares y socialistas enterraron esa manera de practicar las dignidades con el trasfondo y las intenciones del cuento de caperucita, que viene el lobo, uh, y al fin desistieron en la estrategia ante los que le iban quitando fuerza en el pastel, cuando éste empezó a estar más repartido que de costumbre. Pero no. Uno escuchó por la radio, como quien oye Rajoy, la lluvia de un discurso ya sonado. Cíclico, por supuesto; moribundo, quizá, pero ahí sigue, como los océanos en los mapamundi y los anuncios de la publicidad en las marquesinas. Uno escuchó a Rajoy apelando al voto útil, como entonan en las tertulias los trovadores del análisis, sin jubón pero tan mercenarios y servidores como de costumbre. En el estrado, el presidente en funciones, llamaba a la sensatez en el noble ejercicio de las libertades civiles y políticas, derecho que es tanto la d de su nombre como el reverso de la b del deber. No aprenden. No aprenden que ese es el camino por el que tantos españoles han mandado al género por el camino del dedo corazón. De montar y de pedalear.
A mí lo del voto útil me suena a hombre del saco, o al coco. A ese temor infantil y simple del mal padre que no tiene más convencimiento que el argumento del suspense para manipular decisiones ajenas. No se puede solicitar la sensatez a las 12:05 y a las 12:06 sacar el doberman a paseo para inducir planteamientos y, casi, coaccionar voluntades. Pero ya lo decimos, no aprenden. Y por el peor de los motivos: porque no les da la gana. Por mucho que Andrea Levy vista de camisa vaquera en los debates, como si fuese a domar el plató o a montarse un bolo en Kapital, o haya una bacanal de deseos y lascivias entre muchachitos sensibles de sus nuevas generaciones. Esto es, endecasílabo quevediano, los tres tiempos del cansancio: un fue, un será y es cansado. O conservado, según se mire.
Lo que es, es, y lo que no es, no es, dijo Parménides de Elea, aunque semejante aserto pudiera ser escrito en las mentes del Beni de Cádiz. Lo que es: un presidente mendigando al voto útil; lo que no es: útil el voto. Porque lo que debiera darnos la utilidad son las propuestas del partido al que dirigimos nuestro derecho en las urnas, y no el voto en sí, que no es más que un papel impreso con letras negras, como el futuro de más de uno, un intermediario de las emociones, las ideologías, las abstenciones y los destinos. No puede ser útil lo que sólo sirve para ser objeto de recados, fugaces, temporales, pasajeros: la utilidad se esfuma con afán de humo o de chocolatina. Pero ahora explícate esto en un panorama en que otras manos, también votantes, teclean desde sus ordenadores insultos y etiquetas de racismo por un vídeo absurdo y anecdótico que nada tiene que ver con la realidad de sus ficciones. Sí, el de Pedro Sánchez, como p de Pilatos, lavando sus manos. Esto se nos va, se nos va de las manos, evidentemente. Pero no de las de Sánchez, sino de las miles de manos demagogas que ven fantasmas donde solo quedan cortinas y trampantojos.
Aquello sí que es, por desgracia, útil para muchos. Lo de ver conductas deplorables donde solo hay casualidad, o ni eso. Y todo por puro interés, por necesidad de jugar sucio para derrocar al adversario, es probable que en su foro interno ni se replanteen el hecho de que Pedro Sánchez esté a la altura de Pol Pot o de Hitler. Esto sí que es útil para muchos, y es lamentable. Y me temo que lo seguirá siendo, útil y lamentable, después de vernos las caras, los votos, el próximo domingo.

ASALTO AL LENGUAJE

 

Pasadas las “tomas” de posesión llegan las otras “tomas”: las tomaduras de pelo. Estamos discurriendo, hoy día, en este tiempo de abdicaciones y buenas voluntades en los discursos de investidura, por la juventud madura de una democracia treintañera, eso que algunos llaman la segunda transición. Tampoco es para ponerse así. Las medidas que se atisban en los despachos de las instituciones para solventar tanta promesa traducida en decepción por unos y por otros son medidas difusas y vacuas, efervescentes y tímidas en el mejor de los casos y populistas en la mayoría de las ocasiones; medidas que cobijan su intención más en el qué que en el cómo; medidas cuyo interés es el corto plazo de las generales. Lo dicho: llegadas las “tomas” de posesión llegan las otras “tomas”, las tomaduras de pelo. Verán.

En este tiempo nuevo, como algunos ingenuos –o interesados- lo llaman, juega un papel fundamental el uso del lenguaje. En todo cambio de orden social que se precie, cultural o político, el nombre de las cosas es el camino más corto para llegar allí donde la razón se desnuda y nos deja entrever, tras la puerta entornada del convencimiento, el cuerpo virgen de las ideologías. La ideología es la ceguera del raciocinio. Y en esa ceguera, buscada y pretendida por aquellos que ansían el poder, el lenguaje toma un pulso vital.

Lo que ahora llaman las candidaturas de unidad popular–hasta ayer marginales – de hoy, en absoluto distantes de sus predecesores en el siglo XX, han entendido muy bien la estrategia de esta retórica populista que no apela al raciocinio sino al sentimentalismo. Herederos de los movimientos de masas –desde el nacionalismo al peronismo-, de la política como confrontación de un enemigo, han asaltado, si no el cielo, sí el lenguaje: el fértil terreno de la manipulación. Se han apropiado de conceptos como “empoderamiento” o “transversalismo” o “gobierno de la gente” para convertir la legitimidad de sus votantes en un derecho absoluto e inalienable, en un dogma indiscutible.  Por esta inquietante senda ya han tomado el poder. Sólo espero que al menos, en un futuro próximo, no nos sigan tomando por tontos.

(23-06-2015)

GIL DE BIEDMA. CONVERSACIONES.

“Mi poesía es popular siempre y cuando tomemos el término ‘popular’ en un sentido muy restringido, el que expresa la disponibilidad de ser leída con placer por personas que no son habituales lectores de poemas. Lo que ocurre, por otra parte, es que la poesía moderna está concebida para gentes que leen poesía, que también escriben, o para catedráticos. Cosa que sucede también con la pintura. La pintura moderna está hecha para galeristas y coleccionistas. Yo he tenido la suerte, hasta cierto punto, de escapar a esa perversión de la poesía moderna. No es nada recomendable leer un poema con la preocupación o la angustia de si lo vas a entender o no, que es precisamente la actitud que toman los lectores sofisticados, escritores frustrados o catedráticos instalados. Creo que hay que ser absolutamente vulgar para leer poesía.”

-Gil de Biedma. Conversaciones-.

DEBATE A 4

 

El antifranquismo murió cuando se evaporó el búnker del franquismo. Uno de la mano del otro, por mucho que otros que pusieran la misma mano para trincar del régimen ahora la lleven cerrada y erguida en símbolo de no se sabe bien qué dignidad. Similar es lo que ha ocurrido con ese término de la abstracción que llamamos regeneración. La regeneración murió cuando los que la invocan entraron pegando portazos con sus discursos de profeta en el desierto. El concepto se diluyó en las aguas de “los nuevos partidos” y todos, una vez colocados, más o menos, estuvimos satisfechos. Hoy esos todos se debaten en la tele. La tele que, dicho sea de paso, se ha llevado tela, pero tela, con esto del fin del bipartidismo, el gobierno del cambio, el tiempo nuevo y tal y tal. Yo de hecho creo que el único que ha ganado en esta partida, y sin necesidad de pactar con nadie ni pedir “una ronda de contactos” ha sido el share de los programas de televisión, lugar en que se ha esparcido, como en un casino, las fichas del juego. O quizá, del mismo modo, el CIS, del que parece que emanan todos los poderes del Estado. Lo del CIS sí que merece su reforma de la Constitución para la próxima legislatura y no los “temas candentes”, como barruntan los que aspiran a encantados de conocerse. ¿Autonomías? ¿Financiación del Estado? ¡No! El CIS campeador y cierra España.

Debate a cuatro, que suena a película ñoña de cine culto. O de destape, que es lo último que nos pasará en ese plató de televisión. Porque aquí nadie va a enseñar sus vergüenzas. Aquí, a lo sumo, avistaremos el informe prefabricado en los pasillos de los gabinetes, esa lección soltada de carrerilla ante tres periodistas. Más que debate, examen oral; más que charla, mercadillo ambulante. Y no mucho más. Lo que se prometía como el huracán de la España nunca vista, por ahora, solo nos ha dejado un partido moderado y que debe tomar las bases y la dirección de otra oportunidad, como es el PSOE, hecho pedazos y amedrentado por las aves carroñeras de los que hace cinco años se echaron a la calle para protestar contra todo lo que hoy disfrutan; solo nos ha dejado un Partido Popular desgastado y huidizo entre los rescoldos de su mayoría absoluta; solo nos ha dejado una tímida promesa de Kennedy hispánico; solo nos ha dejado la eterna dilación de una campaña, con sus gastos infinitos y demás derroches, que es insólita tanto en tiempo como en forma. Qué mal sientan las expectativas cuando no asiste ni la incertidumbre. Aun así, debatiremos. Qué remedio. Y a cuatro. Como buenos jinetes del Apocalipsis que son.

DE LOS NOMBRES LIBERTAD E IGUALDAD

Semanario patriótico

(XVIII, Jueves, 25 de mayo, 1 de junio, 22 de junio. Sevilla, 1809)

“No hay delirio igual al de confundir la libertad con el desorden. En ningún tiempo gozan de menos libertad los hombres que cuando no reconocen freno alguno. Fínjase un pueblo en que cada cual pudiese obrar según su capricho: los más inicuos, los más fuertes serían de algún modo libres; los buenos, los débiles estarían reducidos a ser sus esclavos. Por eso, de licencia y desenfreno de un pueblo nace infaliblemente la tiranía. Los débiles atemorizados se apresuran a postrarse delante del atrevido que sujeta a la multitud de pequeños tiranos: al volver del pavor que les ha sobrecogido se ven en poder un Napoleón.

La libertad política consiste en que una nación sólo esté sujeta a las leyes que de su grado haya reconocido. Esta libertad general no vive sino a costa de sacrificios de la libertad de cada uno. Se engaña torpemente el que juzgue que los que claman por vivir en un gobierno libre, quieren vivir más a sus anchas. ¿De qué nace que la libertad sea mirada como un milagro en la tierra? ¿Por qué se ha visto el mundo siempre poblado de esclavos? Porque (sea dicho sin escándalo) es más cómodo vivir en un gobierno en que está consolidado el despotismo, que en la república fundada en los principios más libres.

Los individuos de un pueblo que no quieren acercarse al déspota que los domina tranquilamente, los que no ambicionan participar de su mando y sus riquezas, pueden pasar la vida en el ocio y en la indolencia sin temor inmediato de ser vejados en sus personas.”

Blanco White.